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    Tsumi

Soba ni Itekure

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13.1 - "Kanojo"

  • 25 mar 2023
  • 18 Min. de lectura

Actualizado: 20 abr 2023


Uroko llega enseguida a casa de Eru no le hace mucha gracia lo de llamar a la puerta, pero no se piensa subir sola a la ventana, así que suspira cuenta hasta 3 y llama, intentando no ponerse muy nerviosa.


A los pocos segundos se abre la puerta de la casa y aparece la madre de Eru en el umbral.


N: - Hola, ¿eres Uroko? - La sonríe.

- Hola. - Uroko asiente y le devuelve la sonrisa.


N: - Yo soy Níniel, la madre de Eru, encantada. - Sigue sonriendo con cara de emoción. - Pasa, pasa. Está en su cuarto.

- Igualmente. - Uroko pasa super tensa.


N: - Ven es por aquí. - Camina a través del salón y le hace un gesto a Uroko para que la siga, pasando por delante del padre, que sólo las observa callado desde el sofá.


Uroko la sigue sin decir nada mirando al suelo, arrepentida de no haberse subido a la puta ventana.


N: - ¿Desde cuándo lleváis juntos? Este chico no me cuenta nada. - Sigue con la misma cara de emoción atravesando la cocina junto a ella.

- ¿Desde cuándo qué? - Uroko la mira confundida.


N: - Bueno, si quieres te puedes quedar a dormir, eso sí, en otra habitación. - Mira hacia el salón y se acerca a Uroko para susurrarle al oído. - Mi marido es un clásico. - Suelta una risilla pícara.

- ¿Eh? ¿Queee? Noooo. - Uroko flipa, ¿En serio le ha dicho eso? - Yo me voy a mi casa. - Dice y suena más borde de lo que quería.


Níniel borra la sonrisa de su cara al escucharla y pone ojitos de disculpa parándose frente a una puerta.


N: - Bueno, este es su cuarto… - Intenta disimular. - Si al final te quedas nos avisáis. Se va con cara de póker.


Uroko se queda delante de la puerta pensando lo que le acaba de decir. Está a punto de irse, pero tiene que volver a pasar por delante de ellos, así que le parece mejor idea entrar.


Llama otra vez a la puerta.


Eru escucha los golpecitos.


- Pasaaaaaaa.


Uroko empuja la puerta y pasa con la cara ardiendo y expresión de susto.


- Ehm... Hola.

- Hola Usagi. - Sonríe al verla tumbado desde la cama, pero su cara no era la que esperaba y se pone un poco en alerta. - Ehhh... ¿Qué ha pasado ahí fuera? Ya te han dicho cosas, seguro.


Ella sacude la cabeza.


- Da igual. - Le mira y ve las señales de la noche anterior y le da un vuelco el corazón. - Joder…


Se queda quieta en medio de la habitación.


- ¿Qué...? - Se incorpora un poco en la cama y se sienta. - Oye, puedes acercarte y eso eh, creo que ya no voy a hacerte nada raro.


Ella asiente y camina despacio hasta la cama.


- Supongo que no. Toma. - le da la bolsa con la comida.


- ¿Qué es? - Sonríe cogiendo la bolsa.

- Sushi. - Se sienta a una distancia prudencial mirándole las heridas. - ¿Duele mucho?


Se le iluminan los ojos al escuchar la palabra "sushi" y por qué no, empieza a sentir hambre. Al fin y al cabo lleva varios días con el estómago vacío.


- Ah, pues… - Se mira los brazos y las piernas de un vistazo rápido. - Bueno, estoy hecho puré, sí, duele.


- Lo siento. - Uroko le mira de reojo mientras se muerde el labio nerviosa. - Por todo... - Se le hace muy raro hablar con él sin pensar que nadie les observa.

- No pasa nada, daños colaterales, supongo. - No aparta la vista de ella, de forma disimulada.- Pero sigo aquí.


- Ya. - Suspira disimuladamente, esto no se le da nada bien y no puede decir nada de lo que lleva pensando en decirle todo el día. - ¿Me dejas curarte?

- ¿Lo harías? - Cualquier cosa mejor que aguantar dolor.


Ella le sonríe tímidamente.


- Creo que sí, en el bosque me salió bien, ¿no? - Asiente con la cabeza sonriendo y le enseña las palmas de las manos.

- Yo creo que sí.


- Voy. - Susurra, y le pone las palmas de las manos en el cardenal del brazo, cierra los ojos y este se aclara lentamente hasta que desaparece.


Eru lo observa todo sin moverse y sin pestañear. No era la primera vez que lo veía pero cada vez que lo hacía le sorprendía igual que la primera vez.


Sonríe y pasa al siguiente y se repite exactamente lo mismo. Sigue hasta que no quedan más marcas en los brazos.


- ¿Mejor?

- Mucho mejor, puedo moverlos sin que me duelan. - Sigue flipando con el poder de Uroko, era demasiado especial y muy valioso. - ¿Nunca se gasta?


Ella se ríe.


- No lo sé, espero que no.

- Es que no quiero que lo gastes, tengo de esos por todo el cuerpo. - Se ríe con ella.

- Bueno... de momento queda. - Se siente culpable otra vez. - ¿Sigo?

- Como quieras, pero tampoco quiero incomodarte.


Ella bufa, ya empieza.


- Calla. - Extiende las manos para que le diga donde.


- ¿Segura? Bueno, estás avisada. - Suelta una risita y se empieza a quitar prenda por prenda como puede hasta quedarse en ropa interior. - Te dije que tenía por todo el cuerpo, tienes curro. - Vuelve a reírse, ruborizándose. A veces no sabía ni lo que hacía.

- Que sí… - Ella asiente sin mirarle mientras se quita la ropa.


Vuelve a mirarle, está reventado, extiende las manos y le sigue curando.


- ¿Lo sentías todo? - Le pregunta sin pensar.

- Pues sí, y era muy frustrante querer luchar por salir y no poder hacerlo. - Observa cómo sus manos van haciendo desaparecer las marcas de su cuerpo poco a poco y suspira. - Es como querer gritar y que te tapen la boca, o querer respirar mientras te quedas sin oxígeno. - Hace una pausa y la mira directamente a la cara con serenidad. - Pero gracias. Gracias por todo.


- Qué horror. - Le mantiene la mirada y le dan ganas de llorar.

- Si no hubieras estado a mi lado y no te hubieras esforzado por ayudarme igual no estaría aquí ahora. Y te pido disculpas si a veces me he comportado como un idiota intentando no seguir con tu plan, casi lo jodo.


Ella para de golpe y le mira otra vez.


- Eru... ¿De verdad te creíste que yo... ?


- Es que lo decías tan seria y tan bien...

- No tenía ni idea de lo que estaba haciendo. - Confiesa.

- Ya, lo sé. Ha sido todo una puta locura. - Resopla cerrando los ojos, no sabe si con alivio o por agobio por todo el peligro que habían pasado.

- Solo intentaba que no te hiciera daño, no lo sé explicar, que tuviera la atención en otra cosa, a lo mejor lo empeoré todo, lo siento.


- Usagi, lo sé. - Le agarra de la mano sin hacer fuerza para tranquilizarla. - Da igual lo que pudiese haber llegado a pensar en ese momento, sabía que no iba en serio, pero tal y como estaba no podía dejar de rayarme por todo. No hiciste nada malo, al contrario, te enfrentaste a él sin necesidad de hacerlo con el peligro que eso conlleva y estamos aquí los dos, gracias a ti.


- Intenté explicártelo... - Se pone más tensa y le aprieta la mano sin darse cuenta. - Pero él lo oía todo y si ya es difícil hablar para mí, hacerlo con él era... joder eres idiota, ¿Cómo iba a ir en serio? - Le suelta la mano y le sigue curando. - Casi te mueres. - Le recrimina.

- Tú lo has dicho, casi. Pero estoy aquí. - Se queda embobado mirando de nuevo sus habilidades curativas. - A ver Usagi, estaba... Yo que sé con las defensas bajas o algo, y mi mente no me dejaba pensar con claridad, todo era una rayada para mí, y fuese mentira o no, escuchar salir de tu boca aquellas palabras me taladraba los huesos. Soy un idiota lo sé, pero no lo puedo evitar. Pero luego estabas tú otra vez, la canción, tus ánimos, y aunque no dijeras nada tu mirada decía muchas cosas, ¿Tardaba en entenderlas? Pues sí, pero al final lo hacía y me mantenía a raya porque tenía muchas ganas de acabar con esto.


- Dijiste que te salvó en el acantilado y no sabíamos si estabas muerto... Si te ibas a morir sin él, necesitaba saberlo y tú tenías que seguir el plan y de repente no me dejabas hacerlo. - Cierra los ojos con fuerza para intentar no llorar pero no lo consigue. - Casi mato a Ras, hubiera hecho cualquier cosa... Y de golpe empezaste a apagarte y parecía que no quedaba tiempo pero era demasiado arriesgado, ¿y si luego no podía resucitarte? - Hace una pausa y sonríe nerviosa - Te estoy intentando pedir perdón ¿vale? … La canción. - Rompe a llorar con más fuerza.


Se queda mirándola levantando las cejas, sorprendido por todas las palabras que estaba diciendo que parecían salir de su boca sin control, y entonces empezó a llorar. Sonreía nerviosa, pero lloraba. Hasta incluso la persona más dura necesita liberar sus emociones, y para Eru fue sorprendente a la vez que emotivo ver a Uroko decir tantas palabras seguidas expresando sus sentimientos. Estaba preocupada de verdad, lo había pasado realmente mal y no había sido consciente.


- Hey, no, no, no… - Coge su mano y tira de ella hacia él para abrazarla fuerte. - No llores más, ¿vale? Ha sido todo una mierda, pero ya está Usagi. - Le acaricia el pelo mientras la sujeta contra su pecho. - Has ganado. Hemos ganado. Eso es lo que importa. Estamos aquí, y eso ya no va a volver a molestarnos.

- Hai... Hemos ganado. - Se empieza a reír descontroladamente, demasiadas cosas que no controla y demasiada vergüenza por todo, y ella que lo quería decir serena.


Se queda un momento abrazándole en silencio y luego se separa y se seca las lágrimas con el dorso de la mano.


- Sigo ¿Va? Estás hecho una mierda.


No puede evitar dibujar una sonrisa al escucharla reír otra vez, aunque fuese como una loca. Le hacían gracia esos cambios de estado repentinos, del llanto a la risa. Nunca había visto así a Uroko y le parecía cuanto menos curioso. Se queda mirando su cara unos instantes pensativo y al rato reacciona.


- Ah, sí, sí... Si quieres sigue… - Se sonroja y mira hacia otro lado.


Le sigue curando en silencio, demasiado ha hablado ya, pero después de soltarlo todo y llorar está en paz, sin tensión.


- ¿Estás mejor? - Tenía que saberlo, aunque se había desahogado pero bien.

- Sí. - Le contesta sin mirarle, concentrada en curarle las heridas. - Estoy contenta.

- Me alegro. - La observa perplejo, decía que estaba contenta pero no veía su derroche de felicidad. Se le escapa una carcajada.

- ¿Qué? - Le mira.

- Naaaaaada. - Sonríe con pillería y acerca su cara a la suya. - Tan rápido te descongelas como vuelves a congelarte otra vez. - Vuelve a soltar una leve risa, bromeando.


- Baka… - Otra vez le quema la cara. Acaba con el último golpe y le mira con satisfacción. - Ya está, ¿Está bien?


Desvía la mirada y revisa su cuerpo, volviéndolo a ver en su estado original. Ya no le dolía nada y podía moverse otra vez sin parecer un viejo octogenario.


- Yo creo que sí, ¿no?

- No lo sé, tú dirás, es tu cuerpo. - Sólo tuyo por fin.


Le empuja para que se ponga de pie y camine y así compruebe si le duele algo más.


- Qué raro se me hace escuchar eso. - Y era verdad. Se levanta de la cama después del empujón de Uroko y camina hacia el espejo de enfrente. - ¿Oye pues ni tan mal eh? - Se mira por todos lados en su reflejo.


No le dolía nada. Joder, a parte de borrarle las marcas le quitaba el dolor. Se queda pensando en aquella luz blanca fuerte y se da la vuelta, mirándola de nuevo.


- Oye, ¿Qué era eso? Lo que salía de ti, lo que me impactó.


- No lo sé, siempre está pero esa noche era mucho más fuerte. - Levanta las manos ante él en las que ella ve esa luz emanar débilmente de la punta de sus dedos. - No la ves, ¿verdad?

- No... Yo solo veo tus dedos. ¿Tu ves algo siempre? - Se acerca a ella y se empieza a vestir.


Ella asiente y se mira las manos.


- Una luz…

- Qué mal rollo. - Se vuelve a poner a su lado y se queda pensando, no sabe ni lo que es con exactitud pero le suena a chungo. - Es la misma luz que salió de tus manos al curarme en el bosque, ¿verdad? Seguro que eres algo muy especial Usagi. Esto no lo hace cualquier bruja, o cualquier ser mágico, ¿sabes?


Ella niega con la cabeza.


- No tengo ni idea de seres mágicos, aunque Flow y tú lo sois. - Hace una pausa. - Además mis "poderes" son muy raros, ¿Y tú? - Se le queda mirando, se acaba de dar cuenta de que nunca se lo ha preguntado. - ¿Aparte de leer la mente qué puedes hacer?


Eru no puede aguantarse la risa.


- No saber una palabra de la lengua de mi raza.


Uroko se ríe con ganas.


- ¿Se puede saber que intentabas decirme?


- Intentaba decirte que era yo, y que Akuma sabía todo, pero no sé ni qué dije. - Se vuelve a reír.

- Mordisco. - Le dice muy seria. - No, no tienes ni idea de la lengua de tu raza.


- ¿¿¿EEEEH??? ¿¿¿Te dije eso??? - Se horroriza un poco a la vez que se empieza a acalorar de la vergüenza. - Mierda lo siento. - La mira intentando no reírse.


Le mira extrañada, ¿por qué se pone así?


- Que Akuma lo sabía lo tenía claro, no parabas de hacer cosas raras. - Suspira otra vez mirando la pared donde la acorraló.- Da igual, ya se acabó.


- Sí… - Intenta captar su atención haciendo sacar una pequeña llama azul de su mano que se apaga al instante. - Eso... Y eso. - Mira hacia la ventana y se cierra de golpe con una ráfaga fuerte de aire.


- Hablo con los animales, los llamo.

- Si… ¿Es verdad lo de Ras? - Ella le mira sorprendida.

- ¿El qué, que hablo con él y él me habla?


- No, que tiene una parte de tu... Alma.

- Aaahhh… - Suelta una pequeña risa. Siempre le había gustado su curiosidad. - Mi alma está enlazada con la naturaleza. Cualquier ser vivo, planta o animal tiene una parte de mi alma al igual que yo tengo parte de la suya. Así nos comunicamos y sabemos qué necesitamos. Pero Ras es mi compañero, así que sí, es más importante que el resto. Él y Hwesta.


Uroko piensa en lo que ha dicho.


- Pero Akuma no dijo eso. Quería matar a Ras porque decía que tenía una parte de tu alma, no sé, también sería mentira.

- Akuma sólo quería hacerme sentir peor habiendo matado a un amigo tan cercano como lo es Ras. Cuanto peor estuviese mejor estaba él y yo ya estaba muy mal. En realidad lo tenía todo planeado, eso seguro. - Intenta olvidarse de ello y respira hondo soltando un suspiro, relajado. - Pero ya no está, todo ha podido evitarse, y espero no volver a vivir esa mierda nunca más.


- Joder, no.

- Y tu... tienes más poderes, ¿verdad? - La mira de reojo, feliz.

- Bueno, el maravilloso poder de no poder mentir y tener que contestarte a todo. - Dice con ironía. - Y... mover cosas, creo.


Eru se ríe cerrando los ojos recordando en cómo se movió la botella aquel día en la fiesta donde se conocieron.

- Se te olvida alguno más.

- ¿Sí? Bueno, curarte y resucitar un pájaro. - Se queda pensando un momento. - Creo que ya está. Soy una healer de mierda. - Se ríe. - Yo quería ser tanque.


- Serás una healer de mierda, pero eres la más necesaria. - Se ríe y le echa una mirada tranquila. - Aunque el poder que peor tienes para mí es el de volverme loco. - Lo suelta como si nada.

- Joder Eru. - Se ruboriza, le ha pillado por sorpresa, otra vez. - Y obviamente no lo dice en voz alta pero lo piensa: Y tú el de ponerme histérica, JODER.


Se empieza a reír en voz baja, intentando no soltar ninguna carcajada.


- Si ya lo sabes.


- ¿El qué? - Le hace gracia las otras veces enseguida pide perdón o se echa para atrás y ahora no parece tener intención de hacerlo. - ¿Que eres un bocazas?


- Sí, aparte… - Achacaba a la felicidad que sentía la seguridad que le acarreaba sentir que su cuerpo era sólo suyo y de nadie más. Igual mañana se arrepentía de haber dicho todo esto, o dentro de un rato, pero tenía que soltarlo. - Aparte de que ya sabes que me vuelves loco, quería decir. - La mira con una sonrisa pacífica y amable.


- Te vuelves loco tú solo, yo no hago nada. - Le devuelve la mirada nerviosa.


Se vuelve a reír intentando no ponerse nervioso.


- Literalmente tienes razón… - Empieza a reírse más fuerte.

- ¿Qué? - Le mira indignada.


Vuelve a acercarse a ella intentando dejar de reírse tanto.


- Que eres genial, Usagi, eso. - Suelta a escasos centímetros de su cara.

- Idiota.

- ¿Por qué? - No se mueve ni un milímetro.


Ella le mira sin saber que contestar, no tiene respuesta.


- Porque sí. - dice al final.

- "Porque si no es una respuesta". - Suelta en voz baja. Nunca se le olvidaría esa contestación que ella misma le dio una vez.

- Ya sabes por qué.- Ella suspira, puta sinceridad.

- No.- Niega con la cabeza con pequeños movimientos, haciéndose el tonto.


- Joder. - Le sale del alma. - Pues porque me pones nerviosa. - Murmura sin que apenas se entienda nada. - Haces trampas.

- ¿Cómo has dicho...? - Susurra después de no haber entendido apenas nada de lo que había dicho, terminando por juntar su frente contra la de ella.

- Que me pones nerviosa. - Repite flojito. - Baka.


- Ya… - Cierra los ojos e intenta estar lo más calmado posible. - Y tu a mi, aunque no lo parezca. - Sentía su respiración muy cerca, en la cara, y el corazón le iba a mil. A lo mejor se llevaba una hostia, o a lo mejor no, pero tenía que hacerlo.


Se acercó a sus labios y los rozó con los suyos nervioso, sería la primera vez que un beso sería sólo para él, y no a medias con un demonio cabrón.Ella nota el roce y entreabre la boca para dejarle besarla, él y solo él sin tener que pensar si está el otro o no.


Comienza a besarla y le empieza a crecer una sensación más grande y mejor que cuando no estaba solo. Si esto era dar un beso de verdad, sólo él, a la persona que le gustaba quería aprovechar el momento, porque se sentía tan bien, y era tan guay... Que se dejó llevar, acariciando su cara y abrazándola. ¿Por qué parecía que todo a su alrededor había desaparecido? No había voces, ni ronquidos, ni latidos ajenos que sentir, sólo Uroko y él.


Ella le devuelve el beso y le pasa los brazos por el cuello para apretarse contra él, casi le pierde y le ha dado mucho miedo. Lleva queriendo besarle desde que le ha visto pero no tenía una excusa como las otras veces. Y en silencio, hacia dentro, como lo hace todo lo asume de una vez: le gusta claro que le gusta, aunque no sea capaz de decirlo en voz alta.


Aunque sin querer hacerlo y haciendo un esfuerzo se separa de ella escasos milímetros otra vez, sin saber qué decir. Aunque ya la había sentido así de cerca otra veces esta no había ido igual, quizá lo sentía como haber vuelto a tener un primer beso y eso era raro, pero le gusta lo raro. Sinceramente no sabía por qué había pasado, y regresó a sus labios para darle otro beso, no sabía si más corto o más largo pero no quería que acabara nunca esa sensación.


Ella se queda mirándole cuando se separa sin saber qué decir, a veces no hace falta decir las cosas piensa, aunque también es verdad que hay gente que lo necesita. Y cuando él vuelve deja de pensar y se deja llevar, no sabe decir en qué pero si es diferente que los otros a lo mejor porque ya no siente esa angustia ni ese miedo a que él pierda de alguna forma el control, porque ya no está loco ni maldito, porque solo son ellos y todo lo demás da igual.


Le vuelve a corresponder el segundo beso y eso le hace más feliz. Sentía que a partir de ahora las cosas serían mejores, como aquel perfecto momento. Acarició sus brazos hacia abajo hasta llegar a sus manos y con otro gran esfuerzo logra desenlazar sus labios de los de Uroko, abriendo al fin los ojos para volver a verla. Se siente raro sonriendo pero no puede evitar hacerlo, seguramente con una sonrisa boba. Igual no hacía falta decir nada, sólo le salió una pequeña y silenciosa risa nerviosa e ilusionada, pero era incapaz de callarse.


- Y ahora... ¿qué? - Estaba demasiado en las nubes.


Ella se ríe, es incapaz de estar callado y no le va a dejar callarse a ella. Le sonríe tranquila sin saber si le ha leído la mente o no.


- No lo sé. - Le dice sinceramente. - No quiero ser tu novia petarda del Simsta. - Puta sinceridad.

- Es que yo no quiero una "novia petarda del Simsta". - La mira y dibuja una media sonrisa. -Te quiero a ti.


Ella le mira otra vez sin saber que decir, sabe que lo dice de verdad y sabe que no es como los otros idiotas. No le salen las palabras, no las encuentra, ella no es como él, se pregunta si le molestará que nunca esté a la altura.


No había podido evitar hacerlo, e igual le caía por esto.


- No, no te preocupes por eso. Sé como eres, y no tienes por qué decirme nada ahora. - Lleva una mano hasta su cara y le acaricia la mejilla. - ¿Vale? Decidas lo que decidas estará bien.


- ¿Decida de qué? - Se alegra de que la haya leído, así es mucho más fácil, ojalá lo haya leído todo.

- Pues… - Fuck, no se esperaba esa pregunta. - A ver, Usagi, uhmm... No sé si quieres estar conmigo o no. - Empieza a avergonzarse. - Yo contigo sí... Pero si tu no quieres está bien. Porque... Yo quiero que me beses cuando quieras, y cuando te nazca hacerlo, y yo... pues también.


Ella le mira seria.


- Ya estoy contigo, creo... - Suspira nerviosa. - Eru he matado un puto demonio por ti, ¿Qué más necesitas? Pregunta lo que quieras. - Se resigna. - Pero deja de dar mil vueltas a todo me pones nerviosa y no te entiendo.


- Ya pero… - Se calla. Es verdad, daba demasiadas vueltas a las cosas esperando que en algún momento captase lo que quería decir pero con ella eso no funciona. - Que si... Usagi. - Nunca había pensado que sería tan difícil decirle esto. - Que si quieres... ser mi kanojo. - Mira nervioso al techo, ¿what? - Que si salimos. Juntos... y esas cosas. Aunque ya lo hagamos, ya lo sé, y que has matado al demonio por mi, también, pero sabes que soy un idiota y la tengo que liar y ponerte en situaciones de mierda como esta. - Se muere de la vergüenza. - Pero... eso.


Ella se ríe, no puede evitarlo, se lía él solo y lo hace continuamente, como cuando le besó en el acantilado.


- Sí, eres un idiota.


Se ríe con ella, eso le relaja un poco al menos.


- ¿Y qué va a cambiar si te digo que sí?


Se queda pensando un momento.


- En realidad nada, que seas mi kanojo no hará que dejemos de ser amigos ni que cambien las cosas. Sólo que... te quiero como amiga, y te quiero aún más, de otra forma más fuerte y por eso... No sé cómo explicarlo sin enrollarme. - Sonríe nervioso.


- Digo a nivel práctico…- Ella se ruboriza, joder no la ha preguntado eso.

- Ehh… Ahhhhh… - Se empieza a derretir allí mismo. Ni siquiera había caído en eso. Se pone nervioso y sin saber qué decir. - ¿Te refieres a...? uhmm… No sé, ¿A qué te refieres con práctico? - No sabe qué decir.


Ella le mira alucinada pero qué peli se está montando.


- Pues las cosas se cambian para que cambien, si no va a cambiar nada mejor dejarlas como están, no sé... ¿Qué diferencia habría de cómo estamos ahora? Es que no entiendo nada de lo que dices, ¿Ves como eres un maldito puzzle?

- Vale, vale... perdón, intentaré no ser un puzzle.


Ella le mira atenta, a ver si es verdad.


Suspira y la vuelve a mirar.


- Pues cambiaría en que…- Se esfuerza en decirlo todo directamente sin rodeos. - Quiero agarrar tu mano mientras caminamos, hacer cosas guays juntos, invitarte a ver las pelis gore o los animes que quieras, darte los caprichos que me pidas, abrazarte y besarte porque sí, porque nos apetece y... No sé, creo que lo que siento por ti es tan fuerte que "amigos" se me queda corto, porque creo que el ambiente y la sensación cambia cuando sólo eres amigo, o kanojo, y ya me estoy volviendo a liar. No sé si me he explicado bien pero eso... Nuestra amistad no va a cambiar pero sí la forma de mirarnos y la forma de vernos juntos, y el poder ser libres ni tener que preguntarnos o cavilar cada vez que queremos algo así...


- Hai, pero yo no voy a dejar de ponerme nerviosa o llamarte idiota o no saber qué decir por ser tu kanojo... Y todo eso que dices creo que ya lo hacemos... - Le mira un momento sopesando todo lo que ha dicho.- Vale. Si es tan importante para ti, está bien.


- Pero Usagi…- Coge sus manos y la mira. - Tiene que ser porque los dos queramos, no porque sólo quiera yo.


- Es que para mí ya lo eres… Lo somos, no sé ni cómo decirlo. Me di cuenta ayer. - Desvía la mirada nerviosa, otra vez le quema la cara. - Soy mucho más lenta que tú, supongo. Me estás haciendo hablar por una semana...


Mira sorprendido a Uroko y no puede evitar sonreír.


- O sea que me estás haciendo hablar y pasar vergüenza pidiéndotelo, ¿Y para ti ya lo somos? - Intenta no reírse.

- No lo sé, porque no se que va a cambiar a eso me refiero. O si, no sé. - Se encoge de hombros y se hace un lío sola.


- Si yo te quiero a ti y tú... me quieres a mi... No sé, yo quiero estar contigo, a lo mejor decir que eres mi kanojo no hace cambiar nada relativamente pero sí mi manera de percibir las cosas, y a ti también.

- Joder Eru deja de decir eso. - Se muere de vergüenza. - Que sí lo soy.


Se acerca a ella y le da un abrazo fuerte después de escuchar esa afirmativa que no le iba a dejar duda alguna.


- Me vas a volver loca.

- Pues como tú a mí, ya estamos en paz. - Se ríe.


- Yo creo que tú ya lo estás solito. - Se ríe con él.

- Un poco, pero tú colaboras.

- Puede. - Le mira seria. - No pienso hacer ninguna estupidez en el simsta.

- Oe oe... no pongas esa cara. No vas a hacer ninguna estupidez, vas a hacer lo que has hecho siempre.


- Ni llamarnos de formas ridículas. Ni pelearnos con todo el mundo que nos diga guapos, ni ponernos canciones tontas, ni… - Se queda en blanco.


La mira atento a todo lo que dice e intenta aguantar la risa.


- Está bien, vale... Puedes estar tranquila, no haré nada de eso. - Se le dibuja una sonrisa de aguantarse la carcajada.


- Más te vale... - Para ella es súper importante.

- Que sí...

- Oye... ¿Quieres que te acompañe a casa? O quieres quedarte o... Es tarde, aunque no quiero que te vayas. - Mira hacia la ventana. - Ya puedo ayudarte a escapar.- Sonríe.


- Mejor me voy, mi madre me va a matar. Podríamos quedar de día, para variar. Que duerme.

- Sí, mejor. Además por el día podemos hacer más cosas. No quiero que te regañe tu madre.

- Es que no se por qué quedamos siempre a estas horas.

- Pues no lo sé, hemos cogido la costumbre.









 
 
 

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