Capítulo 9 - Usagi
- 8 abr 2023
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Cuando se decide a bajar la colina igual había pasado un rato considerable pero aun así Eru baja corriendo con la esperanza de "llegar a tiempo". Uroko estaba abajo, con una nevera portátil rosa pastel en la que según le había dicho llevaba como 15 o 20 helados. Llega hasta abajo y mira a su kanojo con mirada de disculpa sonriendo y aguantándose la respiración agitada por haber bajado como un rayo.

Uroko está sentada encima de la nevera moviendo las piernas, cuando le ve llegar le mira mal.
- ¡¡Luego soy yo la que tarda!!

- ¡Perdón! Es que me he entretenido un poco pero no ha sido mi culpa, lo juro. - Resopla soltando todo el aire que retenía. Está enfadada, claro.

- Ya... - Se levanta de la nevera y se queda al lado de pie, esperando a que él la coja.
- A ver, ¿Este es el muerto? - Mira la nevera y levanta una ceja. Siempre todo rosa, inconfundible. - ¿Por qué has traído tantos helados?

- Porque has dicho que te gustaban todos. - Dice sincera y le sonríe un poco.
- Claro, porque me has preguntado que cuáles me gustaban, no para que te trajeras todos… - La mira intentando no reírse.
Uroko se encoge de hombros.
- No me gusta elegir, así que no lo hago.

- Ya, ya… A lo loco. - Mira la nevera de nuevo y la coge. Joder, sí pesa sí. - ¿Vamos?
- ¡Hai!

"Puta madre, ahora a subir con esto toda la colina…" Piensa, comenzando a caminar sin pensar más en lo que pesaba eso. En vez de helados parecía que había metido un yunque.
- ¿Y cómo has venido?
- ¿Te ayudo? - Le mira preocupada, tampoco parece super fuerte. - Pues... En coche.

- ¿Qué dices? Puedo solo. - Se hace el fuerte y hace más fuerza, quizá toda la que puede y levanta más arriba la nevera. - Ahhh... vale. - Claro, los ghouls.
Uroko le mira divertida, aguantándose la risa.
- Eru… Sabes que cuanto más lejos esté del suelo más pesa, ¿no?
- Déjame, quiero hacerme el fuerte. - Intenta no reírse porque si lo hace se le van las fuerzas y ya va por la mitad del camino.

- Pero te vas a hacer daño, baka, es mejor llevarla a ras del suelo. - Si es que todo el mundo lo hace todo siempre mal.
- ¿A que aguanto así hasta llegar arriba? - Mira a Uroko con sonrisa desafiante. - Además, la casa es aquella.

Eru mira hacia la casa más cercana y la señala con la cabeza.
- ¿Sí? ¿Qué nos apostamos? - Mira hacia donde señala, está muy cerca, pero aún así no puede evitar convertirlo en un juego.

- No me líes que luego apuesto mierdas. - Se acuerda de la liada de aquella vez en la fiesta visual y sonríe.
Ella se ríe sin poder evitarlo.
-¡Te lías tú solo!
- Por tu culpa. - Se ríe y vuelve a levantar la nevera así que acelera el paso para llegar antes.

- Aún gano. - Se sigue riendo.
- Calla malvada. - Intenta parar de reírse, se le va a caer todo.
Uroko se calla porque ve la nevera rota en el suelo con los tropecientos kilos de helado desparramados por el suelo y no le apetece nada presentarse así, se ríe por lo bajo y le sigue.

Por los pelos llega hasta la puerta de la casa y suelta la nevera en el suelo como si hubiese sido un triunfo, casi con la lengua fuera.
- ¿Qué? - Hablaba sofocado. - He podido, ¿flipas eh?

Le da un beso, se lo ha ganado.
- Porque yo he querido, si quiero la tiras.
- Vale, por eso ha merecido la pena hacer tanto el idiota. - Sonríe a Uroko después del beso.

Coge una llave del bolsillo para abrir la puerta pero antes de que pudiera hacerlo la puerta se abre y sale el abuelo a recibirles con una sonrisilla.
- Ohhh que bonito es el amor en los jóvenes.

- ¿Nos estabas espiando? - Eru le mira indignado.
Uroko nota como le arde la cara y aún no ha entrado, empieza bien la cosa.

- Pues claro, ¿para qué os besáis en la puerta? Eso es provocar. - Sigue sonriendo de la misma manera y mira a Uroko. - Usagi, ¿Qué tal?
Eru se echa la mano a la cara por la vergüenza. Mira que le dijo que no la llamara así.
- Hola... - Se quiere morir.

- Buenoooo, buenoooo... Ya me han contado que no hablas mucho, lo siento. - Los coge a cada uno del brazo y los mete dentro de la casa casi obligados. - Ya lo harás.
- Oye basta. - Eru estaba igual de avergonzado que antes, sabía que lo iba a hacer.
Uroko se horroriza, y se han dejado la nevera fuera.

- Abuelo, ¡los helados!
- Ah siiii... es verdad, si es que no veo bien. Voy a por ellos. - Los mira con picardía a los dos. - Ponéos cómodos, ahora vuelvo.
Sale a la calle y cierra la puerta, a saber por qué, es raro de cojones.
Uroko suspira y mira a Eru angustiada, ¿Dónde la ha metido? Quiere fumar y mucho.

- Esto ha sido una cagada. Le dije que no hicieraAAAAAAAAAAAAHHH ¡JODER ARISTÓFANES! - El gato llegó sigiloso y se lanzó a su espalda clavándole las uñas y empieza a maullar.
- ¡Awwww! ¡¡¡Que mono!!!

El gato salta de la espalda de Eru a los brazos de Uroko y le maúlla en la cara frotándose en ella. Uroko se olvida de la vergüenza y de todo y mira al gato con cara de enamorada.
- ¡¡Es suuuuuuuuuuuuuper moooooooono!!

- Y suuuuuuuuper bestia. - Imita su voz, le ha hecho daño, aún no se acostumbra a que el gato también estuviese loco.
El gato empieza a ronronear.

Uroko le da cabezazos al gato que le responde igual, no existe nada más. Eru los mira como aburrido, acaban de entrar y ya le ha cambiado por el gato, si es que lo sabía.
Ella sigue acariciando al gato y sonríe.
- ¿Ya estás celoso, Nairelito?

- Sí. - Dice entre dientes mirando a los dos dándose cariñitos.
- ¿Qué quieres que te coja en brazos? - Le vacila susurrando, seguro que aparece el viejo por algún lado escuchándolos.

Y acaricia al gato con más ganas mientras le mira. Eru mira a Uroko de arriba a abajo y se ríe.
- Inténtalo. - Vuelve a echarle una mirada recelosa al gato.

El gato le devuelve la misma mirada. Esto era la guerra.
- ¿Insinúas que no puedo? - Obviamente NO. - Cuando sea un titán te vas a enterar. - Se sigue burlando.
- ¿Cuando seas un titán? No, no, no. Ahora. - A ver si así suelta al gato.
- Vale. - Se acerca a él y le pone el gato en los brazos. - Vas a ver.
Uroko mira a Eru desafiante, se agacha y abraza sus piernas, empuja con el hombro hacia arriba pero lo hace tan jodidamente mal que lo empuja hacia atrás y se caen los dos al suelo, con el gato, claro.

- ¡¡¡JODER!!!
El gato sale asustado dando brincos de lado a lado de la habitación y desaparece gritando super dramático.

- Joder Usagi.... ¡¿Estás loca?! - No sabe si reírse o quejarse del golpe.

- A ver que si no os aguantáis tenéis camas arriba, más cómodo, menos dolor de espalda por la mañana. - El yayo había aparecido y estaba apoyado en el marco de la puerta mirando todo.
- Aaaahhhhhh... ¿Qué? - Eru se empieza a poner rojo.
- ¡Ha sido él! - grita con rabia y lo empuja para alejarlo - ¡Tiene celos del gato!
Mierda, la sinceridad.

El yayo se empieza a reír a carcajada limpia, esto es mejor de lo que esperaba.
- ¿Del gato? Ya te vale Nairel.

- ¡Que no me llames así! Lo hace por fastidiar, ¿sabes? - Se levanta del suelo y mira a Uroko.
Uroko lo mira encantada, le ha llamado Nairel.
- Bueno, pues a Usagi parece que le encanta, ¿verdad? - Mira a Uroko sonriendo.
- Me gusta más Nairelito. - Dice para acabar de rematarlo, si que hay un ambiente un poco raro.

Eru mira a Uroko indignado abriendo los ojos. De esta se venga seguro, oh sí. El yayo se vuelve a reír como un loco.
- Me gusta ese, me lo apunto si no te importa. - Se hace a un lado y les invita a pasar. - Por favor, que lleva la pizza un buen rato ahí, yo voy a buscar mi cena.

Eru los mira irritado a los dos.
Uroko mira a Eru con cara de disculpa, pero se le escapa la risita, todo es muy divertido, pasa por donde le ha indicado el señor loco.

Eru va detrás de ella hasta el comedor, estaba la pizza encima de la mesa, sin empezar, y se sienta en la silla más cercana.
- Esta te la devolveré, angelito. - Le dice remarcando la última palabra.
- Si no he hecho nada. - Le dice sonriendo, no tiene ni idea de que le habla. - La culpa es tuya.

- ¿Mi culpa? - Intenta seguir indignado pero ver su sonrisa no se lo permite. - De verdad que eres mala, eso de ser ángel tiene que estar mal… - Suelta una risa de pillería.

- ¿Mal? - Uroko no entiende nada pero se ríe con él. - No soy mala, no puedo serlo, ¡ojalá pudiera hacer cosas malas!

- Ya las haces. - Arrastra la caja de la pizza hacia ella para que cogiera un trozo.
Se queda mirando la caja y coge un trozo, no hay cubiertos se va a manchar las manos, le entra un poco de angustia pero no dice nada.

- No es verdad, todo lo que te hago es bueno.
Se queda tiesa, que cagada.
- Lo que hago, yo, sola. - Lo mejora.

Se queda mirándola sorprendido y empieza a hacer muecas aguantándose la risa.
- A ver. - Habla soportando no explotar la risa. - Que sí, que tienes razón, que es bueno.

- ¿A que sí?

Asiente con la cabeza dejando escapar una sonrisa.
- Mucho, a mi me encanta, vamos. - Ya para qué, no se corta.

Se da cuenta de que le está vacilando y le cambia la cara.
- ¡¡¡Eres tonto!!! ¡¡¡Bakaaaaaaa!!!
Eru ya no aguanta más y se empieza a reír.
- ¿Pero en serio te das cuenta ahora?
- ¿De qué eres tonto? No, lo sé desde el primer día. - Le mira súper indignada.

- Vaaaaa, no te enfades Usagi. - Coge un trozo de pizza. - Come anda, que así no vas a crecer.

Pues también tiene razón, muerde un trozo sin cambiar la cara de enfadada.
- ¿Y el gato? - Le pregunta para fastidiarle.
- Yo que sé… - La mira de reojo y se empieza a comer la porción.
El yayo aparece tranquilamente con una pipa de agua en la mano y se sienta al lado de Uroko desplomándose en la silla.

-Mira Usagi... Vengo de fuera y he mirado la luna, me ha hecho pensar muchas cosas y siento que debo preguntarte algo. - Venía en modo zen y arrastraba las palabras, como si le costara hablar. - ¿Crees que las emociones están regidas por los pensamientos, o son los propios pensamientos los que manejan las emociones?
Eru le mira resoplando, ya ha entrado en modo filósofo.

Usagi le mira atenta, qué fácil.
- Lo segundo. - Dice tranquila y le da otro mordisco a la pizza.

- Justifica tu rrrespuesta. - Le da una calada a la pipa "de tranquis."

- Porque si no piensas en ellas las emociones no existen.

- Pero por muchas de nuestras emociones nuestros pensamientos cambian, según tu estado de ánimo puedes pensar algo muy distinto de algo o alguien, ¿no crees?
Uroko piensa un momento.
- No.
- Justifica tu respuesta. - Y vuelve a dar una calada. Otra vez.

Eru los mira atento, qué rayadas le está contando.

- Porque las emociones son pasivas, están si, pero si no eres consciente da igual, es cuando las reconoces y las piensas cuando te afecta. - Uroko vuelve a morder la pizza, la mastica y traga tranquila, se le está pegando la calma del viejo. - Es estado de ánimo como dices no es algo "mágico" que venga de una emoción, viene también de un pensamiento. Y una vez que has pensado una emoción, si afecta a los demás pensamienos, claro. Son como un virus, una mierda.
Lo dice muy tranquila, le ha dado muchas vueltas y lo tiene clarísimo.

El yayo asiente con la cabeza satisfecho por la respuesta.
- Muy bien, toma. - Le deja a la niña la pipa delante, como ofreciéndole.

- Eh, eh, ¿Qué haces?
- Ssshhh... Relax, Nairel, ya lo hemos hablado. - Le habla super calmado, iba fumado hasta las cejas.

Uroko mira lo que le está ofreciendo y le parece bien, asi que lo hace, intenta no coger mucho porque aún tiene mal recuerdo de las otras veces, aguanta un poco el humo y lo suelta despacio.
- Está mierda te jode el cerebro. - Le suelta después. - ¿Lo sabes no?

El yayo suelta una risilla.
- Es mi manera de agradecer a Madre Tierra todo lo que nos ofrece. - Fumao total. - Y da buen rollo. - Se levanta de la silla como un flan y va hacia la puerta. - Si me necesitáis estaré fuera... Con las estrellas. Paz. - Sale por la puerta con su pipa y deja a los chicos con la pizza y olor a porro.

Uroko mira a Eru sorprendida y él le devuelve la misma mirada.

- No sé qué acaba de pasar, pero... Ese es mi abuelo. - Le dice algo avergonzado.
Uroko le sonrie.
- Ya veo, la pregunta ha sido guay, pero se va a reventar la cabeza, más aún.

Eru termina de cenar antes que ella. Tenía prisa por que le contara eso que le había dicho que tenía que hablar con él.
- Comes muy leeeeeenta...
- Ya. - Uroko aparta la comida.

- ¿Seguro, pajarito?

- Hai.
Uroko se le queda mirando fijamente, se siente un poco rara.

- ¿Vamos arriba? O quieres dar una vuelta… - La sonríe con serenidad, estaba super tranquilo.
- Lo que quieras. - Le sonríe, tampoco ha sido tan horrible.
- A mi también me da igual, quiero que me cuentes eso que tenías que decirme. - Levanta una ceja nervioso, mirándola impaciente.
- Vale, claro. - Se lo piensa un momento. - ¿Vamos a dar una vuelta? Es pronto.
Eru mira la hora en el móvil, sí, aun era pronto.
- Bueno vale, damos una vuelta, ¿Pero me lo cuentas?

- Si, pero cuando estemos fuera mejor. - No quiere tener al viejo opinando, puede ser un desastre.
Eru se ríe, lo ha vuelto a hacer sin querer.
- Vale vale...
Le tiende la mano a Uroko para salir juntos.

- ¡Ah! - se acaba de acordar - Y coge eso...
- Tranqui.
Avanza hasta la parte de la entrada donde hay un armario con varios cajones. Abre el primero y está lleno de porros así que coge uno junto a un mechero y abre la puerta para salir.
- ¿Uno, verdad?
- No sé, los que creas.

- Bueno… - Se queda mirando el cajón y después de dudar un segundo coge otro. - Por si acaso. Vámonos ya por favor.
Ella asiente, no entiende porque se agobia tanto.
- Vamos.




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