Capítulo 3 - Sushi
- 23 nov 2022
- 9 Min. de lectura
Actualizado: 25 mar 2023

Eran las 18:24 de la tarde y Eru había llegado el primero al lugar donde se encontraba el restaurante. Estaba nervioso, le castañeaban hasta los dientes. Había hecho una promesa que ni siquiera sabía si iba a ser capaz de cumplir. Camina por la acera y termina por apoyarse en la señal del restaurante mirando el cielo a esperar a su amiga.

Uroko llega a su ritmo, que no es fácil andar con esos zancos y encuentra a Eru apoyado en una señal o algo así, se acerca y le sonríe un poquito.

- ¡Chiwa!

La voz de Uroko le saca de su ensimismamiento con las nubes y se asusta un poco.
- ¡...Usagi! - No puede evitar sonreír al verla al fin.
La mira disimuladamente, estaba muy guapa.

Ella le sonríe más abiertamente, se ha puesto los calcetines que le ha dado como guantes y le hace mucha gracia, pero no le dice nada.
Se queda esperando a que él entre.

Eru se queda mirando su sonrisa embobado con una expresión tierna sin darse cuenta. No sabe dónde poner las manos: las mete en los bolsillos, las saca, se cruza de brazos, entrelaza los dedos, pero no deja de mirarla nervioso.
Ni siquiera es capaz de leer entre líneas que tenía que entrar al restaurante.

Uroko se pone nerviosa y eso que ahora no está hablando, pero no sabe que es peor. Le hace un gesto hacia el restaurante.
- ¿Vamos?

- ¿Eh? - Vuelve al planeta Tierra y por fin reacciona. - Sí, sí... claro... ehh...
Camina hacia la puerta él primero y la abre para que pasaran los dos.

Uroko entra y mira el sitio, es muy bonito.

Mira a su alrededor, la mesa más bonita y apartada era el lugar que buscaba. Agarra a Uroko de la mano y tira de ella hasta allí.
- ¿Te gusta este sitio? Es... No sé, puede ser mi favorito.
- Hai. - Se sienta.
- No me gusta estar cerca de la gente, es perfecto.

- Vale, he acertado. - Susurra aliviado mirando al suelo mientras se sienta. En realidad no sabe qué decir, por su cabeza sólo pasan las palabras "No sé si debería hacerlo". - ¿Ya sabes lo que quieres pedir?
- Mmmms, no, ¿y tú?

Uroko lo mira intentando ver si está Akuma, pero no lo tiene nada claro. Además tiene que tener cuidado con lo que piensa e intentar no ponerse nerviosa.

- Puess... siempre pido lo mismo, así que si quieres... Te ayudo a elegir. - Le mira a la cara por primera vez desde que se han sentado y le dedica una media sonrisa. No debería ponerse nervioso, aunque le resultara imposible, pues no quería ni alertar a Uroko, ni despertar a Akuma.
- Vale, pide lo que quieras, seguro que está bueno.
- Vale, pero luego no vale echarme las culpas si algo no te gusta ¿eh? - Le saca la lengua intentando romper el hielo, y la tirantez del momento.

Un camarero llega y les toma nota del pedido.
- Te las voy a echar igual. - Uroko se ríe.

- Está bien saberlo, así voy preparándome. - Se ríe con ella. Quizá debería seguir soltando estos comentarios tan desenfadados, le estaban ayudando a superar los nervios. - ¿Sabes qué? Llegando al restaurante me he golpeado contra una farola por estar mirando el Simspotify.
Uroko se lo cree, y si le dice que se ha peleado con la farola también.

- ¿Y qué mirabas? - Le pregunta con interés.

- Pueeeesss buscaba canciones nuevas, ya me rayan las que tengo en favoritos, y he visto que han subido canciones y nuevas... Y la farola... - Se ríe otra vez. - Se me ha caído el móvil, y mira...

Saca el móvil del bolsillo y le enseña la pantalla estrellada de punta a punta.
- Menos mal que funciona.

- ¡Hostias, qué putada!
- Eso te pasa por ir mirándolo mientras andas... - Se da cuenta de que le está regañando y suaviza un poco el tono - Si quieres luego te paso alguna, a lo mejor te gusta lo que escucho, no sé...
- ¡Ehhh es verdad! Nunca te he preguntado qué música te gusta, ¿Me lo enseñas? - Le habla más relajado, intentando no alterarla. Lo había ensayado en casa antes de venir, y podía entender por su huída del otro día en la cafetería que no le gustaban los ambientes tensos.
Ella duda, no habla de música con mucha gente, tiene el mismo gusto raro que su madre.

- Vale... - Coge su móvil y busca su música y se lo pasa cortada.
Eru coge su móvil con cuidado y mira con interés la música, sorprendiéndose a la vez que bajaba por la lista y veía los nombres de los grupos.
- ¿Eehhhh? ¡Sugoi!
- Es... Eroguro y visual y eso, como la de mamá.

Casi se le escapa una lágrima de felicidad al ver que el gusto musical de Uroko era si no igual muy parecido al suyo.
- Mira... Mira mi música. - Le pasa el móvil destrozado deslizándolo sobre la mesa.
Ahora sí que sí estaba emocionado, era muy difícil encontrar a alguien con sus mismos gustos musicales.

Uroko coge el móvil y sonríe.
- No está mal. - Le dice con frialdad mientras grita por dentro "Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaw"
- ¿No está mal? Si es la misma que la tuya, Usagi. - Le da un golpecito tierno en la frente.
- Ya.. si... bueno, un poco... - Y suelta lo que lleva intentando no decir todo el tiempo - ¿Qué es lo que me tienes que decir?

La sonrisa se le borra tan pronto como se le paraliza el cuerpo. ¿Ya? ¿Así, sin vaselina? ¿Y con el estómago vacío? Se le forma un nudo en la garganta. Cree que va a vomitar de los nervios.
- ... ¿Tan pronto? ¿No quieres charlar un poco más? No sé, sobre qué has hecho hoy, o... sobre el calorcillo que hace.
Siente que su frente se humedece, y el temblor vuelve a su mandíbula.

- Es verdad, dijiste después de comer.
Está preocupada porque le ha dicho que tiene que decirle algo que no le va a gustar, y no tiene ni idea de que podrá ser pero odia no tener el control de las cosas, además estaban bien hablando por Simsta anoche hasta que surgió eso y le dejó rara la conversación.

El camarero trae toda la comida de golpe y se lo sirve en la mesa. Eru mira los platos pero no quiere comer. Siente algo que no le gusta y le hace abrir los ojos más de la cuenta, asustado. La situación le causa tanto estrés que Akuma quería empezar a salir, pero no era buena idea. Hoy no.

Mira que había hablado con él antes de salir y le había advertido que no sería el momento, pero como de costumbre no le hacía caso.
Uroko empieza a comer en su mundo.
- ¡Sugoi! Has elegido bien.
Eru la mira intentando sonreír haciendo un esfuerzo, por dentro sólo quería llorar de impotencia.


De repente clava los palillos en el sushi.
- USAGI.

A ella se le caen los palillos del susto y lo mira desconfiada.
- ¿Nani?

- Hemos venido a algo, lo de comer era una tapadera.
Eru empieza a sudar del todo nervioso, no lo puede controlar.
Se le dibuja una sonrisa burlona en la cara pero con la mirada le intenta pedir perdón.

Uroko está haciendo un esfuerzo para no irse otra vez o tirarle algo a la cara, otra vez se está poniendo nerviosa y no le gusta nada la sensación de no controlar lo que pasa, le sale toda la mala hostia por la boca.
- ¿Pero qué mierdas dices?
- Si este idiota no se atreve a decirlo lo diré yo.

Coge los palillos y los aprieta con el puño, ahí está Akuma.
- Contigo no quiero hablar, vete.
- ¿Cómo pretendes no hacerlo? - Eleva una ceja.
- Pues me voy.

Se levanta y se va para la puerta.
- ¡No, Usagi, espera!

Se gira.
- ¿Qué?
Él se queda de pie tras ella, preocupado, y le agarra la mano.
- No te vayas, onegai.

Ella le mira impertérrita, dejándose coger pero sin ninguna intención de coger su mano de vuelta, no le hacen nada de gracia estas cosas.
- No entiendo nada.
- El dolor que he sentido al verte ir hacia esta puerta me ha hecho vencer a Akuma... No lo puedo controlar mucho, gomenasai, siempre se lo carga todo.

Uroko flipa en colores, ¿dolor? ¿pero qué dice? Se aparta de él.
- ¿Pero qué quiere? - Mira al chico y le da un poco de pena. - No es culpa tuya.
Eru da un paso atrás, captando las señales.
- No sé, siempre hace lo mismo. Uroko. - Hasta a él se le hizo raro llamarla así. - No te quiero mentir.
Ella le mira esperando que siga, no le gusta nada cómo están pasando las cosas y se quiere ir.

- Si no te he dicho nada es porque quiero que sigas siendo mi amiga. Eres de las pocas personas que no sale corriendo cuando me conoce y eso me gusta. Y... me gusta más de lo que creía. - Se sonroja y mira hacia un lado, cruzándose de brazos.

Uroko no entiende nada, pero se relaja un poco, ya le parece él como siempre, y como siempre no sabe lo que le está diciendo.
- Me gusta ser tu amiga. - Murmura flojito.

Entonces se da cuenta de que están en mitad del restaurante de pie montando un espectáculo y le quema mucho la cara.
- ¿Nos podemos sentar? Onegai.
- ¿Eh...? - Escucha cómo murmulla pero no llega a entender lo que dice.
Levanta la mirada y también se da cuenta de que todo el mundo les mira.
- Etto... sí, sí...

Va hacia la mesa casi arrastrando los pies y se vuelve a sentar.
Uroko se sienta y se queda callada, no sabe ni que decir.
- Usagi, perdóname.

Se le queda mirando serio. Por supuesto que seguía nervioso, pero de la nada le empezó a crecer un extraño sentimiento de valentía.
Ella le mira ¿ahora qué?
- No pasa nada. - Murmura.
- Que lo que te quería decir era... Mmmm... - Se pone a buscar no se qué por el techo, dibujando círculos con la mirada. - Que te q...

El debate interno vuelve, y no termina de decir la frase, sonrojándose del todo.
Ella se vuelve a levantar y se queda de pie.
- Da igual, si es tan complicado y tan horrible no quiero saberlo. - Uroko vuelve a mirar a su alrededor y ve que la vuelven a mirar y se vuelve a sentar. - No quiero. - Repite.

La observa cagado. Todo mal otra vez, no hay manera, siempre que le ve o habla con él se lia. Sea lo que sea que le quiere decir él o Akuma si va a hacer que no sean amigos no quiere oirlo, se muerde el labio con rabia y abre la boca para decirselo.
- Que te quería pedir que vinieras conmigo al bosque. - Suelta de golpe.
- ¿Al bosque? - Otra vez le sale por donde no espera.
- No. No era eso.

- ¿Qué?
- Bueno, sí, pero no es eso.
- Eran dos cosas. - Le dice mirando al suelo. - Pero ya me dan igual.
- No, no dan igual. Usagi...
Traga saliva, y mira hacia la puerta. Ella levanta la mirada y le mira.
- ¿Qué? - Suena mucho más borde que su intención.

Escucha el tono de su voz, que no le gusta nada. En su estado de nervios todo le podría sonar mal.
Cierra los ojos con fuerza y pone una mano sobre la mesa. Akuma se había ido, era él mismo al cien por cien, y era la primera vez en toda la tarde que se veía decidido... A medias.
- Si no quieres oírlo me da igual, lo vas hacer, ¿Sabes? - Ella flipa, nunca le han hablado así, no le contesta. - Que me gustas, que me gustas mucho, por si no lo habías notado. Voy tirando flores por donde pisas porque desde que te di aquel beso en esa fiesta en tu casa estoy como un idiota. Y no te quería decir nada porque te quiero y quiero que sigamos siendo amigos pero si después de esto no me hablas lo entenderé... Bueno no, no lo entenderé, me joderá mucho, pero no podré hacer nada. En fin, que sí, que la he cagado por mil, ya lo sé, y soy un cobarde, y la puerta está muy cerca. - Dice levantándose mirando hacia allí, perdiendo fuerza en la voz a medida que pronuncia cada palabra. - Puedes bloquearme de Simsta, y de todos lados si quieres…

Se quedó dándole la espalda, de pie otra vez ¿Qué había hecho?
Uroko se queda mirándolo en silencio sin mover un músculo unos segundos asimilando todo lo que le acaba de soltar y de golpe entiende un montón de cosas y se siente estúpida, y recuerda la conversación con Mizar sobre los chicos y se siente aún más idiota. Entonces se enfada.
- Baka...
- Sólo he cumplido mi promesa.
Eru sigue dándole la espalda, sinceramente, no era capaz de mirarla a la cara, la suya iba a explotar.

- ¿Y lo segundo? - De perdidos al río.
Se da la vuelta y la observa de reojo, flipando.
- Esto. - Se mete la mano en el bolsillo y saca un paquete pequeño envuelto en papel de regalo rosa. - Quería dártelo en el bosque, pero ya da igual.
- En el bosque. - Repite y se acuerda de que hay luna llena y de que dice su madre que pasan siempre cosas raras, ¿será eso?
- Sí, lo hablamos, ¿recuerdas?
Uroko asiente con la cabeza, claro que se acuerda.
- Pues eso... - Deja el regalo encima de la mesa.

Uroko mira el regalo y no se mueve
- No.
La mira ante esa negativa, ¿por qué dice "no"?
Uroko coge sus cosas para irse.
- Ahora no, dámelo en el bosque, ¿vale?

La mira sorprendido.
- ¿...Cómo? - Susurra con voz ahogada sintiendo como el takoyaki bajaba atascado por su garganta.

- No quiero dejar de ser tu amiga. - Sigue flojito. - Y la de Akuma, si él quiere... No tendrías que haber dicho nada. Jaa ne.
Y se pira.




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