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Soba ni Itekure

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Capítulo 2 - La lluvia

  • 16 nov 2022
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 25 mar 2023

Después de estar hablando por Simstagram con Uroko, Eru llega hasta Del Sol Valley, justo donde le había indicado que se encontraría con ella.



La busca con la mirada hasta que la ve en el suelo junto a la fuente central y se acerca a ella, recogiendo su paraguas de corazones del suelo y refugiándolos de la lluvia.



- Ya llegué, Usagi.

- Hola - Uroko lo mira y se siente aún peor, lleva lloviendo todo el día y dice que no ha vuelto aún a su casa, está empapado.

- ¿Qué hacías aquí sola? Ya sé que no quieres volver a casa pero... Podrías haberme llamado, bueno... o a alguien.



- No sé... ¿Qué hacías tú solo en el bosque? ¿Estás bien?

- Pues no, no estoy bien, y no quiero ir a casa, demasiadas voces. Nunca estoy solo pero esta vez... sí.



- Pues... - Uroko no se imagina como se tiene que sentir, al fin y al cabo ella no entiende del todo cómo es la relación que lleva con sus padres. - ¿Vamos a algún sitio?

- Vale... ¿Quieres beber algo? Cogí dinero de casa antes de salir y... bueno, todo lo demás de ayer. Te puedo invitar a lo que quieras.

- Yo tengo dinero, no te preocupes, pero si.. Vale. Vamos donde quieras.

Eru se pone de pie frente a ella y le tiende la mano para ayudarla a levantarse.



- Vamos Usagi, ¿Te apetece un batido? - Sonríe a Uroko intentando ocultar sus sentimientos, bastante mal está ya ella. Quería animarla, después de todo para eso están los amigos.


- Hai. - Uroko le coge la mano para levantarse y le sonríe, bastante mal está él ya como para tener que consolarla.



Agarra su mano y comienza a caminar sin soltarla hasta una cafetería que había en la esquina de la calle.



- Ehh... ¿Batidos de unicornio? - Lee el cartel desde la calle. - Seguro que te gustan. - Le sonríe.

Uroko se ríe y asiente sin decir nada.



Después de pedir los batidos, Eru se sienta en la mesa junto a Uroko. Quiere evitar la conversación pero se le hace imposible.




- Siento haberte contado toda la mierda así de repente, sé que no es plato de buen gusto que alguien desconocido te cuente sus "problemas".


- Yo... - Uroko no quiere hablar del tema, pero no puede evitarlo. — ¿Tan mal os lleváis?



- Sí, muy mal. Pero esto no es nuevo, viene desde antes. - Mira hacia otro lado suspirando. - Desde antes de llegar a Glimmerbrook hace unos pocos meses.



- No tiene nada de malo que te defiendas. - Uroko duda y mira al suelo. - Arigato.



- ¿...Arigato...? ¿Por qué? - Mira a Uroko.



- Por venir hasta aquí... - Uroko le mira seria. - Como tú has dicho, nadie vendría hasta la ciudad de al lado caminando bajo una tormenta, y sin paraguas, para estar con una desconocida.



- ¿Tú crees...? Si es así... de nada. - Se ruboriza y evita que se crucen sus miradas. Aunque todo haya salido mal, el agradecimiento de Uroko le hace sentir mejor, por lo menos se le olvida un poco el cabreo que tiene con sus padres.



- Me han dado ganas de matarlos pero siempre me han enseñado que hay que evitar llegar hasta ahí. Es que siempre me están criticando, ¿sabes? Ahora es por la ropa.

- ¿Matarlos? - otra vez duda pero la curiosidad le puede. - ¿Por la ropa?



- Pues... Sí. Pero es algo que se piensa cuando estás muy enfadado, no creo que sea el único que lo haga. - No lo puede evitar, necesita verla y mirar sus ojos. Sonríe levemente por la curiosidad de Uroko . - Sí, no sé. Supongo que querrán que me vista como alguien "normal" de este mundo... ¿Pero cómo va a pretender ser normal un elfo entre humanos?



- No es tu culpa. - Ella le devuelve la mirada, no le gusta verle así prefiere que haga el tonto e incluso que se ría de ella. - No haces nada malo, sólo eres tú mismo y punto. - Repite, esta vez más segura, no se le da muy bien consolar.


Eru sonríe a Uroko. No podía dejar de leer entre líneas lo adorable que estaba intentando darle ánimos, y le gustaba, claro que le gustaba, y mucho.



- Oye, Usagi... Yo...

Un camarero llega con los batidos y le interrumpe, dejándolos en la mesa. Eru lleva la vista hacia la ventana, asustado. Menos mal que no había dicho nada.



Uroko coge su batido, no tienen nada de hambre, pero es muy bonito.



- Dime.


- ¿Qué?-Se hace el tonto y coge su batido.



- Oye... y ¿Akuma? - Uroko se empieza a acostumbrar a que Eru le haga eso de no contestar y no le da importancia.

- Akuma está aquí, pero no quiere hablar. Creo que está enfadado conmigo.


Se empieza a reír él solo.



- ¿Por qué?


- Creo que le jode que le robe el protagonismo. - Se aguanta la risa mientras bebe un poco de batido.

Uroko no entiende nada.



- ¿Y siempre está contigo? - No le da miedo, para nada, está acostumbrada con su madre pero es muy diferente.

- Mmmm sí, siempre está. Es un pesado. Parece que tendré que enfadarle más veces para que no hable tanto. - Intenta hacerla reír, creía que ya habían tenido suficiente drama por hoy. - ¿No crees que soy un tío raro?



- Sí. - Se lo piensa mejor. - Mucho. - Uroko se ríe, no se esperaba la pregunta.


- Ya me lo esperaba... - Suelta una leve risita. - Estoy acostumbrado. Pero tú no has salido corriendo como hacen otros.


Se queda callado mirándola y no se da cuenta cuando se le dibuja una media sonrisa.



- Que tontería, ¿por qué iba a salir corriendo? - Bebe un poco y sigue hablando casi sin darse cuenta. - Al menos no eres tonto.

Nada más decirlo le arde la cara y se pone tensa, no se había dado cuenta de que estaba casi relajada. Se queda callada mirando el batido.



- ¿Eh? Pues... Creo que eres la primera que lo piensa. - La mira y gira la cabeza hacia un lado - ¿Qué te pasa? No pareces cómoda.


Uroko nota la mirada y se empieza a poner más nerviosa.



- Solo dices tonterías, me quiero ir a mi casa.



- ¡¿En serio?! - Se sorprende un tanto asustado. No había dicho nada raro, ¿No? - Usagi, ¿Quieres irte de verdad? Lo siento... Yo no quería molestarte. ¿He dicho algo malo?



- Me voy. - Saca un paquete del bolso y lo deja en la mesa. - No los pierdas más. - Y sin mirarle ni girarse ni una sola vez, se va.



Eru se queda mirando sin saber qué decir el paquete que había dejado en la mesa.





 
 
 

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