Capítulo 4 - El Bosque
- 23 nov 2022
- 10 Min. de lectura
Actualizado: 12 abr 2023
Eru y Uroko han ido a la feria con el grupo de amigos de Flow, han fumado, unas más que otros y ha sido un poco desastre.
Como quedaron en el restaurante, Uroko acompaña a Eru al bosque donde dice que se ve muy bien la luna.

El bosque no estaba tan alejado como pensaban, y caminaron durante un rato hasta adentrarse entre los árboles. Eru guió a Uroko hasta el sitio del que le había hablado, su favorito, para que pudiese ver la luna desde allí. Esa noche estaba enorme y luminosa y desprendía un halo de luz que penetraba entre las hojas de los árboles. El claro del bosque no tardaría en aparecer si seguían sus pasos y las guías de luz.

-¿Estás mejor, Usagi? Ya casi estamos.
- Hai. - Ella se ríe un poco aún, pero está mucho más serena.

- Mejor, porque si siguieras así seguro que hablabas con los animales pero de verdad.- Soltó una risa al recordar lo mal que estaba hace un rato.
- Baka. - Uroko se ruboriza un poco, sí que la ha liado pero no tiene ni idea de cuánto realmente. - Es tu culpa.

-¡¿Areee?!¿Mi culpa? - La mira sorprendido pero con una media sonrisa. - ¿Puedo saber por qué?
- Pues porque tú has liado el porro. - Le dice super segura.

- ¿Y qué? Yo no te lo he dado a ti, lo has cogido tú.
- Pues tienes razón, pero sigue siendo tu culpa. - Se ríe.
- Tss... ¿Qué morro tienes no? - Se ríe con ella y sigue caminando hasta que llegan al claro.

- Mira... es aquí. Se ve la luna enorme hoy.
Uroko mira y es verdad, se ve la luna enorme y el sitio es muy bonito.
- Sugoi. - Le dice flojito.

-¿Te gusta? Podemos sentarnos ahí. Señala un árbol que hay al otro lado.
- Mucho. -Asiente y le sigue.

Eru coge su mano sin preguntar y camina atravesando el claro hasta el otro lado. Se apoya en uno de los árboles y mira al cielo.

- Si te quieres sentar...
- Vale, como quieras.

- No, como quieras tú, que eres la que peor va.- Se ríe.

- Estoy bien, de verdad, este sitio calma o algo - sonríe, es verdad, nota mucha paz.

La mira disimuladamente y sonríe. No creía que estuvieran allí ellos solos, después de todo. Dibujó una leve sonrisa y se acabó sentando en el suelo.
- Pues será mejor que lo hagas... así podemos estar más tiempo e igual.. quien sabe, nos habla "algo".
- ¿Tú crees? - Ella se sienta a su lado y mira el cielo.

- Claro... no siento nada raro, así que creo que por ahora le has caído bien.- Se tumba hacia atrás sobre la hierba, así podía mirar mejor hacia arriba sin romperse el cuello.- ¿Sabes? He estado antes aquí, y he dicho que vendrías.
- ¿Si? Y que te han dicho? - Se gira para mirarle.

- Han reaccionado bien, me han regalado brisa fresquita.- Se ríe ligeramente.
- Espero que no se enfaden, por meterme en su sitio y eso... Es muy bonito, gracias.

- No, no se enfadan, si no ya lo habrían dicho, ¿no crees?
- A veces la gente se enfada y no lo dice... igual ellos también.

- Ya, yo a veces no lo digo. Pero ellos sí, no son personas. Molan más.

- Es que hay que decir las cosas. - Cierra los ojos e inspira despacio, aún sigue con la cabeza un poco ida pero es agradable, es casi como estar dormido, todo va más lento y suave. - Si que está vivo.

La observa desde atrás, en su sitio, y que estuviera ella allí le daba más paz, no sabía por qué, y no era por los efectos de la fumada porque a él ya se le había pasado.
- ¿Qué sientes?

- Pues... como si respirara, el bosque.

- ¿A que sí? - Se incorpora un poco y se apoya con las manos en el suelo para mirarla mejor. - ¿Siempre has sido así de pacífica?

Uroko nota su mirada y se pone tensa otra vez.
- No soy pacífica.

- ¿Ah, no? Yo diría que sí, ¿O es que acaso eres un demonio tú también? - Sonríe.

- A lo mejor es lo que soy... - Otra vez las ganas de salir corriendo, siente todos los músculos de su cuerpo como si fueran cuerdas, pero no se mueve. - No se lo que soy. - Confiesa sinceramente. - Nadie lo sabe.
Joder con no poder mentir.

- Bueno… - Vuelve a mirar hacia el cielo y suspira. - No me importa lo que seas, si eres un demonio, un vampiro, un zombie... Para mi siempre serás Usagi, no cambiará nada.
- ¿Nunca? - Le pregunta, realmente le da miedo que cambien las cosas.

- Nunca, ¿por qué iba a cambiar? Me da igual si te salen cuernos y alas de murciélago, o colmillos, o bebes sangre... Mientras sigas siendo quien eres ahora todo estará bien. - Suelta una risita.

- Pero si eres un zombie devora elfos es posible que salga corriendo.

Ella se ríe.
- Baka , ¿Cómo voy a ser un zombie? estoy viva... Ni un vampiro... Y no quiero alimentarme de elfos, que asco.

Se pone un poco seria y sigue hablando sin mirarle.
- No lo sé, porque la gente cambia, y las cosas cambian y se enfadan y se mienten y... no lo se.
- Mmm... Ya, pero nosotros somos los raros.- La vuelve a mirar.- Bueno, al menos siempre he sido el raro. No soy así, nunca he tenido amigos como vosotros, así que creo que valoro mejor algunas cosas...

- Somos raros todos. - Admite. - Tú, Flow, yo... - Se ríe. - ¿Te parece una tontería verdad?
- Bueno sí, tienes razón, todos somos raaaaaaaaros. - Se ríe con ella. - Pero me gusta ser así, y por eso me gustas tú.

Mira rápidamente hacia otro lado avergonzado.
- A ver, que me gusta como eres... y eso... No quería decir... Eso, otra cosa. - Resopla. - Déjalo.
Como la haya cagado otra vez le da un chungo allí mismo.

Ella se queda parada unos momentos como en el restaurante mientras se muerde el labio inferior con fuerza para no salir corriendo, pero por encima de los nervios sigue sintiendo mucha paz, y eso ayuda bastante.
- ¿Por eso te gusto, porque soy rara? - Le dice con cierta decepción.

- Mmh… - Sigue mirando hacia otro lado, no se atreve a mirarla a la cara otra vez y le daba miedo abrir la boca.- No sólo por eso... Por más cosas...
Su voz se había quedado casi en un susurro por temor a volverla a cagar, a parte de la vergüenza que sentía.

Ella sigue en silencio, mirando a algún punto fijo con todo el cuerpo en tensión, aguanta la respiración sin darse cuenta hasta que coge aire y suena como un suspiro. Le está costando muchísimo no liarla y le cabrea, otra vez siente que no controla nada.

Eru escucha el suspiro de Uroko y se pone algo nervioso. La había cagado, eso estaba claro. Decidió no decir nada y volver a levantar la vista para no empeorar las cosas, pero un ruido que procedía cerca de Uroko le llamó la atención.
- Usagi... Mira…

Señaló detrás de ella una sombra que apareció entre los arbustos.

- No te asustes.- Hablaba susurrando.
Ella se gira para mirar lo que le dice, obviamente asustada.
- ¿Nani? - Susurra al mismo nivel.

- Hola Ras. - Sonríe mirando la sombra de un ciervo asomado en el arbusto.- Ella es Usagi, ha venido a saludarte.- Sonríe a Uroko.

- Hola. - Le dice con dulzura y sin moverse para no asustarle y le devuelve la sonrisa a Eru. - Ha venido de verdad.

- Te lo dije.- La mira contento y vuelve a mirar al ciervo a los ojos asintiendo con la cabeza sin decir nada. - Puedes acercarte.- Le dice.

El ciervo sale del arbusto y se acerca a Uroko, queriendo inspeccionar.
Ella se queda quieta para no asustar al animal y que sea él quien se acerque.
- Es precioso.

- Se fía de ti, no tengas miedo, él ya no está asustado, ¿No lo ves en sus ojos?
El ciervo se acerca más a ella para que le acaricie la cara.
- Hai. - Uroko le mira a los ojos y le acaricia despacito. - ¿Qué te dice?

- Que le gustas. - Se les queda mirando con ilusión. - Él es Ras, y está mucho por aquí.
- Y a mí él.

- Lo sabe.- Se saca del bolsillo una planta rara que le había quitado a su padre y se la da al ciervo de comer.
Uroko los mira, tenía razón el sitio es mágico.

- Oye...
- Qué...
- ¿Y Akuma?

- Está presente, pero cuando estoy aquí se queda... Como latente.

- No le dejes solo...
- Nunca le dejo solo, no puedo. Está como dormido ahora, pero está.- Mira hacia un lado, donde al fondo había un arbusto muerto, sin hojas.- Un día le vi, estaba ahí.

- ¿Akuma? - Mira hacía el mismo lugar donde mira Eru.
- Sí, ¿ves ese arbusto? Antes tenía flores, y estaba lleno de hojas. Cuando le vi allí empezó a morir y nunca ha vuelto a florecer. Por eso supe que era él, porque se parecía a mí pero mucho más... No sé cómo decirlo.

Uroko se acerca a él mirando donde señala y le da la mano, siente un escalofrío y se le eriza la piel.

- ¿Más qué? - Le pregunta con un hilillo de voz.
- Más... horrible, no sé, le... faltaba una buena parte de la cara, y estaba desproporcionado, era oscuro, casi demoníaco. Por eso le llamé Akuma.

- Demonio...
- Desde que le vi ahí empecé a pensar que no era sólo cosa de mi cabeza, si no que era real... ¿O no? No sé, a lo mejor sólo ha sido cosa de mi mente.

- Pero... Yo le veo.
- ¿Ahora?
Uroko se muerde el labio otra vez, y se caga en tener que decir la puta verdad continuamente, es como pasarse la vida en modo dios.

- No, ahora no, a veces, en ti… No le veo, no es algo físico, pero no eres tú, es algo distinto, no es lo mismo, no te lo se explicar... mi tía diría que es la energía, el aura.
- Supongo... porque está dentro de mi y adopta mi aspecto.
Uroko asiente.

- ¿Por qué está contigo? - Le da miedo preguntárselo pero ya no puedo evitar más la pregunta.
- Porque él me salvó a cambio de formar parte de mi.

Se da cuenta de que sigue con su mano entrelazada con la suya y se sonroja.
Uroko suspira y no se atreve a preguntar más, le aprieta flojito la mano.

- No sé si volveré a verle otra vez, a lo mejor es decisión suya…- La mira de reojo girándose un poco.- Ayer me contó que le caes bien. Y nunca le cae bien nadie.
- A mi también me cae bien... - Vacila un poco pero al final como siempre lo suelta esperando que no se enfade. - Está muy triste.

- ¿Ah sí, por qué? ¿Te ha contado algo?
- No se por qué, pero lo está, por eso está enfadado... creo.

Vuelve a suspirar, le cuesta muchísimo abrirse, las ganas de salir corriendo siguen ahí pero mucho más débiles, como si les hubiera bajado de alguna forma el volumen.
- No le gusta que le dejes de lado, ni a mi... No quiero ignorarle.

- Es que... me ha jodido muchas veces ¿sabes? Es malvado en la mayoría de las ocasiones. No puedo ignorarle, siempre le siento, sé cuando está atento y cuando no. Sé cuando quiere salir, y sé cuando duerme. Y me da miedo. Pero tengo una deuda con él y es extraño, pero en el fondo le quiero.

Uroko sonríe.
- Todo pasa por algo, estoy convencida. Te salvó... Y cuida de ti, a su manera... Y supongo que tú de él. Y se enfrentó al gnomo... no me parece tan malvado, sólo eso... Triste, enfadado.
- Supongo que sí, he sido demasiado duro con él.

Eru sonríe y se gira completamente para mirarla a la cara.
- Eres la primera que no me llama loco, que me acepta como soy y acepta a Akuma. Ni mi familia ha sabido aceptar eso.

- ¿Por qué no iba a hacerlo? Es parte de ti… - Uroko no quiere preguntar más, se le ocurren miles de preguntas y sabe que él las "oye" pero simplemente no quiere, no le parece bien, ni justo, ni…

- No te preocupes, estoy bien.- Le sonríe.
- No es eso. Sé que estás bien.
La mira curioso levantando una ceja, esperando a que le explicara qué pensaba y ella le devuelve la mirada, no se lo puede decir porque no lo entiende.

- Es solo que...
- Qué...
- No lo sé.
- Da igual, no pasa nada.

- Eres como un puzzle, sois como un puzzle, ¿me entiendes? Están las piezas pero no se como encajan, normalmente lo sé, suele ser fácil, contigo no encuentro ni las esquinas. - Mira al suelo con la cara ardiendo.
- ¿Un puzzle...? - Intenta encontrarle el sentido a eso. No podía encontrárselo del todo a lo que decía.

- Da igual, es un ejemplo estúpido.
- Tú nunca dices cosas estúpidas.

Uroko se ríe y Eru sonríe al escuchar su risa, después de todo habían venido a divertirse.
Se escucha de repente al fondo el sonido de un búho.

- Ahí está Hwesta.
Ella se sobresalta al oírlo, pero disimula y asiente.
- Eso es... que es tarde... Si quieres te acompaño a casa... No quiero que te regañen por mi culpa.

- Bueno, un trozo, como siempre.
Ella se encoge de hombros.

- ¿Quieres despedirte de Ras? - Mira al ciervo, tumbado a su lado.
- Claro. - se acerca al ciervo y lo acaricia con cuidado. - Adiós, bonito.
El ciervo se levanta y se va satisfecho.
- Vamos, Usagi.

Uroko le sigue, no le ha dado lo que le iba a dar en el restaurante y no sabe si quiere que se lo de, aunque tiene curiosidad y se da cuenta otra vez de que le puede leer la mente.
- Hai...
- Baka...
Se empieza a reír mientras camina.

- Eso no vale..
- Como tú con la apuesta de Simsta.

- No hemos puesto reglas, ¿cuántos llevan 2? ¿3? - No sabe si van a llegar a los 5. - Y no es lo mismo.
- No lo sé, no he vuelto a mirar el post. No quiero perder pero me temo que va a ser así. - Seguro que los comentarios de "guapo" llegaban a 5, pero prefería pensar que no, al fin y al cabo él quería ganar, por supuesto.

- Ni yo... ¿siempre lo haces?
- Intento no hacerlo, he aprendido que a veces es mejor no saber qué piensan todos.

- ¿Y cómo funciona? ¿lo enciendes y lo apagas como un interruptor? Tengo que estar cerca o algo ¿no? ¿por simsta puedes?
Eru se empieza a reír por lo del interruptor.

- No, por simsta no puedo, tienes que estar cerca, en persona... Pero sí, es algo así como un interruptor. - Se vuelve a reír. - Puedo bloquearlo, si no pienso en ello.
- Vale - suspira con alivio, solo tiene que intentar controlar lo que piensa cuando le tenga cerca... mierda.
- Sí, mierda… - Se sigue riendo. - Ya paro, ¿Vale?

- Es que no es justo, yo no tengo nunca ni idea de lo que piensas o a dónde quieres llegar dándole vueltas a todo... Baka.
- Vaaaaale vale... Contigo no lo haré.

- ¿Me lo prometes?
- ... - Duda un poco al principio.- Vale sí, te lo prometo.

- Puedo seguir sola, es ahí arriba... Arigato. - Vuelve a suspirar aliviada.

- Ah... Vale, es verdad. Me suena este sitio. - Resopla y mira hacia atrás. - Adiós, entonces.- Le enseña la palma de la mano para despedirse.
- Hasta luego. - Le copia el gesto.

Le sonríe y se gira caminando.
Ella sube sonriendo.




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