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    Tsumi

Soba ni Itekure

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Capítulo 9 - Exorcismo

  • 25 mar 2023
  • 11 Min. de lectura

El día después Eru abre el paquete que le ha regalado Uroko y se encuentra un móvil última generación nuevecito, para sustituir el que aún lleva hecho polvo con el celo sujetando la pantalla que se cae a pedazos. Cuando lo enciende ve un montón de canciones nuevas y sonríe porque ya entiende por qué tardó tanto en llegar esa noche.


Ella sigue con su teoría, la música le hace feliz y aleja a Akuma, parece que a ratos lo suficiente para que estén solos y ha encontrado una especialmente bonita e intensa que le gusta mucho a ambos: “LA CANCIÓN”.


El plan de Akuma sigue adelante y Uroko sigue hablando con él, sumisa a lo que le pide: matar a Ras. Pero aparte de eso habla con Ian, quien le ha dicho mil veces que no haga nada, pero bueno así es ella y no va a mirar hacia otro lado mientras le pasa eso a Eru, la última noche en su habitación se ha dado cuenta de lo mucho que le importa.


Una noche van los 3: Akuma, Eru y Uroko, al bosque para llevar a cabo el plan del demonio y eliminar del todo a Eru, que está cada día más débil y apagado.


Eru caminaba despacio junto a Uroko por el bosque, ni siquiera tenía claro el lugar donde parar, aunque lo estaba deseando. Tenía claro que el momento había llegado y se le pasaban mil ideas por la cabeza, entre ellas salir de allí echando hostias. No sabía que pasaría de un momento a otro. No abrió la boca durante todo el camino, mirando de vez en cuando a su acompañante con la mirada perdida.


Uroko va andando al lado de Eru mirándolo de vez en cuando, intenta no pensar en nada y no tiene muy claro cómo hacerlo pero quiere conseguir que hable Akuma como le ha dicho a Ian. No sabe si Eru le lee la mente o no, porque le prometió que no lo haría, pero ahora sería un buen momento.


- ¿Estáis bien? - Ella sigue hablando en plural.

- Sí y no.- Sigue caminando casi arrastrando los pies, sin ganas. Evidentemente uno estaba mejor que el otro.


Ella medio sonríe aunque no tiene ganas.


- Bueno, será un momento, ya casi acaba.

- Bueno...


Llegan caminando hasta el claro del bosque, el de la última vez, y se para allí.


- No sé hasta dónde quieres ir.

- Ni yo... hasta donde él quiera.


- ¿Sabes dónde está?

- Quién. - Mira a su alrededor algo desorientado.


- Ras... - Le contesta sin mirarle.

- Siempre está aquí. - Se le hace un nudo en el estómago. Otro más.


Ella duda, sigue sin estar convencida.


- Akuma... - Susurra.


Ian está atento a cada paso de los chicos. Está escondido entre la maleza del bosque.


- Qué. - Akuma mira a Uroko. - Siempre que me llames estaré, ahora es mucho más fácil.


Ella suspira con alivio, no sabría si sería capaz.


- Me quedo más tranquila entonces. - Le sonríe.

- Claro.- Le sonríe con satisfacción sin levantar la vista de ella. - Tráelo.

- ¿Sabes dónde está?


Eleva una mirada sombría hacia unos arbustos que hay detrás de Uroko y señala al animal, asomado entre las hojas.


Ella asiente y camina hacia el arbusto temblando por dentro.


- Hola, Ras.- Extiende la mano para que se acerque y espera.


- ¿A qué estás esperando? Tráelo. - Permanece en el sitio observando la escenita tierna que le amarga.

Uroko se acerca al animal y lo empuja ligeramente para que camine hacia Akuma.


- Ven.


Akuma sonríe de nuevo con satisfacción, todo estaba saliendo según lo previsto.


A - Ahora hacedlo.

- Necesito a Eru...

A - Lo sé. Estamos los dos.


E - Sí...

- Vale... - Mira al ciervo y ruega que no le pase nada, ni a él ni a Eru, no debería pensarlo pero no puede evitarlo. Se gira de nuevo hacia ellos. - El arco...

E - Joder Uroko, ¿Con el arco?- Le daba igual, cualquier arma le iba a parecer un impedimento.


- ¿Tienes otra cosa? - Uroko mira a Eru con desesperación. - ¿Has traído un cuchillo acaso?

- No… - Resopla y mira al ciervo entrecerrando los ojos, ahogando un grito interno. - Da igual... Vamos.

- Pues el arco… - Se cruza de brazos e intenta sonreír. - No falles.


- Eso, tú méteme más presión.- Eru lanza una mirada de agobio a Uroko e invoca su arco.

- No quiero estar con esto toda la noche.


Ian que no puede esperar más, sale de su escondite caminando con paso firme hacia donde están los críos.


- Y Jesús lo reprendió y el demonio salió de él, y el muchacho quedó curado desde aquel momento. - Quiere llamar la atención del demonio, y así seguro que lo consigue.


Uroko se pone delante de Akuma en señal de protección, lo va a intentar engañar hasta el final.


Ian traga saliva, no se fía ni un solo pelo de Akuma.


El arco se desvanece tras escuchar las palabras de Ian detrás de él y a Akuma se le tensan los músculos, tomando el protagonismo otra vez. ¿Qué hacía ese desgraciado aquí?


- Tú… - Mira a Ian desafiante y fastidiado, dando unos pasos hacia atrás.

- Sí, yo… Seguro que soy la última persona a quien quisieras ver ahora mismo, ¿No? - Sonríe de medio lado.


- Te lo dije. - Susurra Uroko sin moverse un milímetro. - Te dije que hablaba con Eru.

- Chs… - Lanza una mirada furtiva a Uroko, pues no quiere perder de vista a Ian. - Me das asco. - Dice finalmente, alejándose lo máximo posible de él.

- El sentimiento es mutuo, demonio.- Camina hacia él, acortando la distancia. - ¿Y bien? ¿Qué pretendías hacer?


- No des ni un paso más. - Se acerca a Uroko y le rodea el cuello con el brazo con fuerza.

- Déjala... Como se te ocurra hacerle daño te las verás conmigo, y créeme, no soy nada paciente. - Saca la botella de agua bendita y empieza a rezar el padre nuestro, susurrando al principio y alzando la voz poco a poco.


Akuma camina hacia atrás aun sujetando a Uroko por el cuello, cada vez haciendo más fuerza y la arrastra con él.


- Estate quieto te he dicho. - Eleva más la voz, grave, casi gutural.


Ian no se amilana. Abre la botella y dando unos pasos más hacia el demonio, con un gesto rápido de muñeca le lanza el agua.


El agua llega hasta Akuma, haciendo que la piel que tocaba le ardiera como una mismísima fragua. Suelta de golpe a Uroko dejándola caer al suelo y ahoga un grito de dolor. De las quemaduras salía humo.


- Hijo de puta… - Le mira furioso.


Ian sonríe satisfecho. Sabe que solo es el principio, pero es un paso importante que la haya soltado. Se acerca a Uroko y sin dejar de mirar al demonio, ayuda a la niña a levantarse y la coloca tras de él.


- ¿Estás bien? - Le pregunta aún atento.

- Hai.. - Susurra ella sin dejar de mirar a Akuma. A Eru.


- Qué, ¿Vas a contarme que pretendías hacer? - Se dirige a Akuma.

- Ya casi lo tengo, y no te vas a interponer en mi camino.- La mirada de Akuma empezaba a cambiar. - Si no te largas más de uno aquí acabará muy mal, y entre ellos no estoy yo.- Le amenaza apretando los puños, vigilando sus movimientos y la botellita de agua.

- A mí no me amenaces. - Y le lanza de nuevo agua. - Sería más fácil para todos si colaboraras.


Esta vez ve venir el agua y sólo le alcanzan algunas gotas, que le arden de nuevo con intensidad.


- Aaarggghhhh…- Suspira de forma agitada soportando el dolor agudo y las quemaduras. - Quiero que maten al ciervo.

- ¿Por qué? - Ian levanta las cejas.

- Porque es la acción perfecta para ganar. - Suelta una ligera risa macabra. - Al fin, tanto tiempo esperando…- Hablaba convencido de que seguiría su plan.


Echa una ligera mirada a Uroko y de nuevo se encara.


- Deja al chico en paz, sal de su cuerpo. - Lo dice de manera calmada, intentando no perder la templanza.


Uroko se estremece, la posibilidad de que Eru muera si lo consigue sigue ahí, una parte de ella quiere correr al lado de Akuma, no rendirse, seguir intentando que le diga la verdad y a la vez lo único que quiere es ponerse a llorar.


Se queda mirando a Akuma intentando buscar un mínimo atisbo de Eru, algo que le diga qué hacer, sabe que Ian le va a gritar, pero no se quiere quedar quieta viendo como lo mata.


Akuma suelta esta vez una risa más abierta, menos ahogada mientras niega con la cabeza. Simplemente no. No lo iba a hacer, y sobraban las palabras.


- Cuanto más daño me hagas, más daño recibe él.- Mira a Ian sonriendo con malicia, y después a Uroko. Sabía que eso le pondría nerviosa.


- Es mentira Ian, Eru no tenía quemaduras, sólo él. Sigue haciéndole daño.


Ian no se anda con tonterías, necesita tenerlo un poco más débil. Saca una cruz que lleva en el otro bolsillo del pantalón y se la muestra mientras recita.


- El señor sostiene mi alma con fe y en toda necesidad me ayuda. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. - Se persigna.


Akuma empieza a temblar, tensando todos los músculos del cuerpo y no puede controlar hiperventilar. Empieza a dar pasos hacia atrás con cada palabra que emanaba de los labios de Ian, mirando alterado la cruz que sostenía su mano.


- ¡CÁLLATE!


Ian le ignora y sigue a lo suyo.


- Salva a tu siervo que pone su fe en ti, Señor, sé para él una fortaleza para hacer frente al enemigo, que el enemigo no tenga poder sobre nosotros… - Va alzando la voz a cada paso y palabra.


Su respiración cada vez era más fuerte y su cara cambió, quería salir su verdadero ser. Akuma cierra el puño con fuerza y se lanza hacia Ian para asestar un buen golpe, gritando por el dolor que le causaban sus oraciones.


Ian soporta el dolor como puede, pero al estamparse contra él, la cruz que llevaba en la mano se ha pegado a la frente del demonio, luego ha caído al suelo… Aun así, sigue orando, esta vez con cara de fastidio.


Uroko se mira las manos y ve como la luz que siempre emana de sus dedos brilla más que nunca, cada palabra que él dice hace en ella el efecto contrario al que hace en Akuma, y siente una sensación muy rara en todo el cuerpo.


Mira la escena como si estuviera muy lejos a través de un cristal, y sigue teniendo la sensación de que puede hacer algo más que quedarse a mirar.


- Ian... - Susurra alzando las manos con las palmas hacia el cielo, con la esperanza de que él también lo vea.


Desvía la mirada hacia la niña y se caga en dios mentalmente por lo que está viendo en esos instantes. No tenía dudas, sabía que Uroko era especial.


Akuma grita de nuevo al pegarse la cruz en su frente, y aunque cayese al suelo, él era sensible a cualquier roce de esa mierda. Vuelve a arderle, esta vez toda la piel de la cara con una intensidad pasmosa. Se intenta alejar de ellos otra vez y una luz proveniente del lugar de Uroko capta su atención. ¿Qué cojones era todo esto?


Ian observa la escena… Bien, ha captado la atención…


- Uroko… Inténtalo... - Él sigue con sus rezos.


Uroko le mira confundida, ¿Qué intente qué? Luego mira a Akuma y se le ocurre una gilipollez enorme, ¿Le está diciendo eso?


Se mira otra vez las manos y sonríe, se va hacia donde está el demonio.


- ¿Te curo?


Uroko ignora al cura, para variar, y sigue mirando a Akuma con una expresión dulce, extiende las manos hacia él.


- ¿Duele?


Mira desconfiado a Uroko y se aleja de ella despacio sin perder la pista a Ian, alterado por el dolor y la tensión.


- No te acerques.


- Dime, Akuma ¿Mataste a Eru?

- Sí.- Hace una pausa y le dedica una mirada sombría.- O no.


Ella se acerca más a él con las manos extendidas hasta apoyarlas en su piel.


- Pues déjame que te cure. - Sonríe. - O no.


Abre los ojos incrédulo por lo que hace la chica y según roza su piel vuelve a arder.


Reacciona pegándole un empujón que la desplaza varios metros hacía atrás, gritando.


- ¡TE DIJE QUE NO TE ACERQUES!


Ian ve que ella tiene poder sobre él. La teme… Pero no quiere que se arriesgue más de lo necesario. Se acerca a ella rápidamente.


- ¿Puedes proyectar esa luz hacia él desde aquí? - Le pregunta en voz baja.

- Puedo intentarlo.


Ella se levanta del suelo y extiende la mano ¿intentando qué, hacer un puto kame?


- Solo enfoca las manos hacia él... Como si fuesen una linterna. - Se le ocurre.


Asiente y junta la otra mano a la que ya está extendida. En ese momento le crecen unas alas y su rostro cambia ligeramente, parece más adulta, más serena, se parece más a los ángeles de piedra que suelen morar las iglesias. Ian está pendiente del demonio y no ve nada.


Ella sabe que debería rezar o decir algo bonito, pero sólo se le ocurre decir una cosa.


- Que te jodan.


Un chispazo de luz blanca sale de las manos de la niña e impacta en el cuerpo del demonio.


El impacto de la luz le alcanza sin darle opción a esquivarlo y le desplaza de un gran golpe contra una roca enorme que había entre los árboles, escurriendo su cuerpo chamuscado en el suelo.


- ¡¡Ven, Uroko!! - La coge de la mano sin pedir permiso y corre hacia donde ha caído.

- Inténtalo. - La anima, aprovechando que está en el suelo tendido.


- Dime Akuma, ¿Lo mataste? - Uroko se arrodilla a su lado.

- No… - Suelta en un hilo de voz ronca sin poder moverse. El impacto con la roca le había roto.


- Échale.- Uroko mira a Ian sonriendo.


- Te tenemos, engendro del mal. - Coge de nuevo su amada agua bendita y mientras le rocía reza de nuevo. - ¡Por el poder de Cristo yo te obligo! ¡¡Sal de este cuerpo, sal de este cuerpo, sal de este cuerpo!!


Akuma comienza a gritar descontrolado hasta que empieza a emerger del cuerpo de Eru, hecho una mierda y sin fuerzas.


Uroko lo mira, es cómo dijo Eru, mira a Ian para ver si controla la situación.


Ian está pendiente de Eru, el pobre está hecho mierda. Pero se fija en el ser que tiene enfrente y flipa bastante. No había visto nada parecido en su vida.


Akuma se siente indefenso, sin cuerpo no puede hacer gran cosa y está hecho mierda, apenas puede moverse. Los observa sin querer darse por vencido.


- ¿Qué querías del chico? ¿Por qué esa necesidad de querer matar a ese pobre animal?


Uroko no aguanta más y abraza a Eru, sabe que aún no han acabado con Akuma y que está hecho una mierda pero necesita saber que está aún ahí.


- Eru…


- El animal es parte del alma de ese niño, si él mismo lo mataba podía ganar el control de su cuerpo completo, y su conciencia pero tú…- Intenta moverse de forma fallida hacia Ian.- Me lo has jodido.


- ¿Es cierto que sin ti no sobrevivirá?


Uroko llora en silencio y lo abraza otra vez, le cura las heridas visibles con las manos y vuelve a llamarlo. El cuerpo de Eru no reacciona a la voz de Uroko.


- Eru... Kudasai.

- Después del golpe que se ha llevado por su culpa… - Akuma mira a Uroko. - No lo sé, le has cascado unos cuantos huesos. Yo le engañé y funcionó. Creo que no tienes nada que hacer aquí.


- Kudasai, kudasai, kudasai.- Le pone las manos encima a Eru nerviosa, si sólo es eso lo puede arreglar, claro que puede, está convencida.


- ¿Y qué vas a hacerme si no me voy? Hay miles de idiotas a los que engañar por ahí.


El cuerpo de Eru mueve los dedos de una mano, de forma temblorosa.


- Te voy a matar. - Dice Ian decidido, aunque mira antes a Uroko. - ¿Qué me dices?


Uroko nota el movimiento de sus dedos y le da la mano, mantiene su frente junto a la suya intentando arreglar lo que ha roto.


- Acaba con él. - Le dice a Ian con rabia sin moverse.


Ian aprovecha que está agachado y de la pantorrilla izquierda saca un arma pequeña. Las balas no son normales. Son balas de plata pero rellenas de sal, para repeler y terminar del todo con el mal. Se pone de pie y con la mirada fija en el esperpento moribundo, le apunta al corazón (o lo que pudiera ser).


- Uroko, tápate los oídos, por favor. - Y en cuanto la niña lo hace, él dispara una sola vez, sin fallar.


La bala impacta sobre Akuma sin dejarle siquiera intentar esquivarla, lo que provoca que su ente se desvanezca poco a poco junto con alaridos de dolor.


Uroko ni se entera, sigue intentando despertar a Eru. Coge el móvil de su bolsillo y busca algo, lo encuentra y sonríe, sube el volumen a tope, le da al play y deja el móvil en el suelo.


- Venga, Eru... Ven.


Abre un poco los ojos y siente su cuerpo hecho una mierda. Intenta elevar el brazo al ver lo que parecía la silueta de Uroko pero un dolor intenso le provoca bajarlo de forma involuntaria. Escucha la música e intenta dibujar una ligera sonrisa. Sentía punzadas de dolor por todos lados, pero por primera vez en mucho tiempo se sentía en paz.


- Se recuperará… En unos días.


Uroko sonríe levemente a Ian y luego vuelve a mirar a Eru.


- Hola, Baka.


Eru vuelve a cerrar los ojos mientras seguía sonriendo al escuchar la voz de Uroko.


- Hola. - Susurra con un hilo de voz. - Gracias. - Sabía que Ian estaba ahí.


Ian se agacha para coger al chico en brazos y salir de ahí ya. Sonríe a los dos.


- Venga, vámonos.













 
 
 

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