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    Tsumi

Soba ni Itekure

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Capítulo 2 - Portales I

  • 7 abr 2023
  • 10 Min. de lectura

Era de noche otra vez, como de costumbre, y los chicos habían quedado en verse con Luismi e ir a dar un paseo a un parque de San Myshuno. El plan no era una salida nocturna pero siempre se les iba la hora sin saber por qué. Después de haberla confundido a propósito con una papelera, Eru se lanza sobre Uroko cuando consigue llegar hasta ella después de haber corrido casi todo el camino, cuanto antes llegara mejor. Tenía muchas ganas de abrazarla fuerte desde hace unas horas y le dijo que cuando la viese lo haría.


- Te dije que lo haría.- La seguía abrazando.- Siempre así, siempre.

- Hola. - Ella se deja, cortada, como siempre.


El perro ladra a Eru, nervioso.


Le da un beso y se separa de ella al escuchar los ladridos del perro.


- ¡Hey! Hola Luismi. - Se agacha para intentar acariciarlo, a ver si se deja.

- Este es mi perro tonto. - Presenta ella. - Luismi, este es mi novio el que no piensa.


El perro se deja acariciar encantado, como buen perro tonto que es. Eru acaricia a Luismi riendo y echando una vista rápida hacia Uroko. Buen dardo envenenado que le acababa de lanzar.


- Oye pues es muy simpático el perro ¿Eh?

- Sí, es un amor.


Se agacha y lo acaricia un poquito.


- Le caes bien.


- Eso parece. - Sonríe mirando la cara de Luismi emocionado, con la lengua fuera.- ¿Vamos?


Se levanta de nuevo del suelo.


- ¿Por dónde es? Hoy mandas tú.


- Pues.. - Se levanta con él. - ¿Vas a abrir un portal o vamos andando?


- Hostia es verdad, el portal…- Se ríe nervioso. De verdad se le había olvidado. - Lo intento.

- Vale. - Se queda mirándolo expectante.

- A ver, he abierto dos antes de venir pero no lo he probado.

- Seguro que sí.


Le dedica una sonrisa, parecía una tontería pero sus palabras le daban confianza. Se concentra un momento y consigue abrir uno.


- Bueno, ahora sólo falta ver si salimos donde tenemos que salir. Coge a Luismi y dame la mano.


Mira decidido el portal, ¿Qué podría salir mal?



Uroko coge al perro en brazos y le da la mano.


- No pierdas un pie. - Le dice bromeando.

- No, estoy seguro que no. - Le sonríe y agarra fuerte su mano.


Da un paso hacia el portal y se adentran por él.


Aparecen en unas ruinas cerca de un acantilado, en medio de una isla. Había presencia de brisa marina y se escuchaba alguna que otra gaviota.


- Ehh… - Mira hacia el portal, que se cerraba tras su paso y después a su alrededor. - ¿Y los edificios?

- Uhh. - Mira a su alrededor. - Esto no es el parque. - Le mira sin poder evitarlo a los pies y suspira aliviada al ver que tiene los dos, o eso parece.


- Eru.. ¿Dónde estamos?


- Pues…- Coge el móvil un poco asustado, no tenía ni puta idea. Activa la ubicación y mira el mapa abriendo los ojos, sorprendido.- Emmm... En una isla de Windenburg.

- Joder... - Uroko avanza unos pasos y mira el sitio, parece bonito. - Eso está muy lejos.


- Mucho… - Mira los kilómetros en el móvil hasta su casa. - Demasiado.

- ¿Y qué hacemos? - El perro se remueve nervioso en el suelo.


- Pues no lo sé... ¿Nos quedamos aquí? Igual si lo vuelvo a intentar me frustro y sale algo peor. - Echa un vistazo a Luismi, nervioso.


- Bueno.. un rato ¿Y lo vuelves a intentar luego? - Le mira nerviosa. - Habrá que volver.


- Sí, sí... Claro. - Intenta parecer decidido. - Si me salió una vez me va a salir otra, ya lo verás.


Se da la vuelta y se acerca al acantilado. Al menos las vistas molaban. Ella le sigue sin acercarse mucho al borde y evitando mirar abajo.


- Claro que te saldrá, Nairelito, no te preocupes, ha sido un lapsus.


El perro les sigue y le ladra al vacío.


Eru la mira de reojo levantando una ceja, cruzado de brazos, aún le chirría ese nombre.


- Hey, a ver si se va a tirar el tonto al vacío. - Mira al perro y se alarma al ver que ladra a no sabe dónde.



- No jodas, que lo perdemos. - Se agacha a acariciarlo - ¿Qué haces tonto?


El perro se deja y hace la croqueta peligrosamente cerca del borde, Uroko lo coge y lo aleja, mira a Eru para ver si ve como, efectivamente, el perro es tonto.


Por un momento se acojona al ver que Luismi se iba directo haciendo la croqueta peligrosamente hacia el borde y cuando le separa de allí empieza a reírse.


- No es tonto... Sólo necesita aprender un poco.


Coge una piedra del suelo y llama su atención.


- ¡Mira Luismi! - Lo lanza no muy lejos. - ¡Corre a por ello!


El perro ve como coge la piedra y se pone a dar saltos como un poseso, ve como Eru la lanza y se queda mirándole.


- ¿Lo ves? Es tonto. - Uroko se ríe.

- ¿Hah? Pero qué haces bobo, búscalo. - Se queda atónito mirándolo y después mira a Uroko. - Pues sí, no hace cosas de perro.


Luismi da un voltereta mal dada y se queda tumbado tripa arriba, ladra.


- Quiere que le toques la tripa. - Traduce ella muy digna.


- Ahhh ya... joder, qué marqués. - Se agacha y le acaricia y le rasca la tripa. En realidad aunque fuese tonto, es muy adorable.


Ella les mira aún agachada y sonríe.


- Podríamos ir a otro sitio sin precipicios. - Sigue evitando mirar hacia allí. - Por el perro y eso.


Eru sonríe pero no dice nada. Le daba miedo el acantilado, seguro, pero no se lo iba a decir.


- Vale, seguro que si caminamos un poco encontramos alguna playa pequeña o algo, ¿No?


- Vale. - Se levanta aliviada y coge al perro que es capaz de tirarse en cuanto se giren. - ¿Hacia dónde?

- Pues no lo sé. - Se levanta con ella y coge su mano. - Supongo que por algún camino que vaya cuesta abajo, ¿No? Vamos.


Comienza a andar hacia quién sabe dónde. En su vida había estado aquí, bueno, ni siquiera sabía que existía.


- ¡Igual encontramos algo muerto!

- Empiezas a asustarme, pareces una sádica. - Se ríe. - Pero puede ser, mira bien por el suelo, a ver si encuentras algo.

- Solo quiero entrenar para cuando se meta un demonio. - Le dice muy seria, pero empieza a mirar por el suelo. - ¿Te sientes bien?


- Sí, me siento bien… - La mira de reojo con una sonrisa tierna sin que se de cuenta. - Pero si quieres probar, a lo mejor si me das con la luz esa que te sale lo podemos saber.

- Es verdad la luz. - Se mira las manos pero apenas brillan. - No la sé usar.


Aún así levanta las manos con las palmas abiertas hacia él, pero no pasa nada.


- Nada.

- Qué raro… - Se queda mirando su mano, de la que no emana brillo alguno. - A lo mejor es que necesitas un propósito para poder "activarlo", no sé, quizá así sin ningún objetivo concreto no funciona.


Se para de repente en el camino. Había visto una sombra extraña entre unos arbustos, cerca de los árboles.


- Supongo, igual sin un demonio no me enciendo, eso significa que no tienes ninguno. - Se queda mirándole cuando se para - ¿Qué pasa?

- Que igual tienes suerte y hay algo muerto ahí…- Se le pone mala cara. - ¿Nos acercamos?


Señala a los arbustos, donde había un bulto no muy grande tendido en el suelo.


- Sí... - Se angustia una cosa es decirlo y otra muy distinta verlo. Se acerca a donde señala Eru.

- ¡Espera! - Va detrás de ella, siempre tan decidida.


Frente a ellos yacía un mapache muerto en el suelo, pero no había rastro de sangre, sólo el cuerpo del animal inerte rodeado por un montón de hojas.


- Ah... no… - Verlo le sienta como una patada en el estómago.

- Jo.. pobrecito. - Le dan ganas de llorar. - ¿Qué le ha pasado?


- No lo sé… - Se agacha y acaricia al mapache, estaba tieso, y se llena de rabia y tristeza a la vez.


Mira a Uroko, era el momento de intentarlo, ¿No? Ojalá pudiera hacer algo como lo hizo con Hwesta.



- A ver. - Lo va a coger pero le da un poco de asco, mira a Eru mordiéndose el labio sabe que cualquier sufrimiento por parte de un animal es un drama horrible para él, le sonríe como puede para que no se preocupe y vuelve a mirar al bicho muerto, decide ponerle las manos encima, ahí mismo en el suelo. - No tiene ninguna herida...


- Pero está muerto… - Sigue mirando al mapache algo trastornado con los ojos muy abiertos. - Hazlo, ¿No? - Lleva la vista hacia ella, nervioso.

- Estoy en ello. - Sigue con las manos encima pero no nota nada. - Bufa con fastidio y lo coge con dos dedos, obviamente se le resbala y no hace nada. - ¡Joder!


Bufa hacia el cielo y se caga en Dios, vuelve a poner las manos encima del bicho y lo coge haciendo una mueca de asco, evitando mirar a Eru, finalmente lo consigue y se lo pone en el regazo.


- Está helado. - Bufa.


La observa sin decir una palabra, ahora de repente no le funcionan los poderes de "healer". No entiende nada de nada.


- Claro que está helado.


- Es que... - Suspira otra vez y mira hacia otro lado, no se entera de nada.

- Qué...

- Nada. - Mira al bicho decidida y lo abraza poniendo cara de asco y sintiendo como se le eriza cada poro de la piel como a un gato erizado. Lo sujeta contra el pecho y reza.


El Luismi que estaba mirando distraído se acerca y le mete un bocado en una pata al cadáver.


- Joder Luismi, ¡Qué puto asco!


- ¡Luismi, no! - Lo coge apartándose del mapache como puede y se lo queda en brazos. Así evitaba que lo volviera a morder, el perro bobo. - Usagi, da igual. Si no puedes... Quizá es demasiado grande.


Uroko lo mira fijamente, ha dicho las palabras mágicas, se aguanta una arcada y abraza al bicho más fuerte, rezando con todas sus fuerzas, como hizo con Hwesta.


- Kudasai, kudasai, kudasai...


La luz de sus manos empieza a brillar un poquito más fuerte, sonríe, claro que puede, cierra los ojos y reza más fuerte.


El animal pega una patada como un espasmo y Uroko lo aparta de ella del susto.


- Jodeeer.


El animal se revuelve, le pega un mordisco en la mano y se va echando hostias detrás del arbusto.


- ¡Aaauuu! ¡HIJO DE PUTA!


Eru aún no supera ver estas cosas. Cuando ve al mapache pegar esa patada se queda inmóvil en el sitio, sintiendo algo parecido a una sensación de alivio.


- ¡Hostias! - Reacciona y se acerca a Uroko, agarrando su mano y mirando la herida. - ¿Estás bien?

- Sí, sí, joder que susto me ha dado. - La herida se cierra sola en un instante. - ¿Dónde se ha metido?


- Se ha ido, está vivo. - Mira cómo se regenera su herida de manera asombrosa, tan fácilmente, como un borrador virtual.


No puede evitarlo y la abraza levantándose, en brazos.


- ¡Joder lo has hecho!


Ella le abraza fuerte y le mira feliz.


- ¡Hai! ¡Lo he hecho!


- Casi me haces pensar que no lo conseguirías. - Sonríe alegremente. - Pero me has recordado que tú siempre ganas.

- Es que… - Mira a otro lado avergonzada. - Me daba asco...


- Ya... te lo veía en la cara. Pero aun así no me disgustaba mirarte. - Sonríe sin separarse de ella.

- Ya... siento ser tan... ¿Pija? - Vuelve a llenarse de orgullo. - ¡Pero al final lo he hecho!


- Seas lo que seas, seguirás siendo especial. - Sonríe y no puede evitar acercarse a sus labios para besarla. Sigue flipando por lo que hace, pero que pueda resucitar animales le hace aún mejor. - Lo has hecho.


- Si... ¿Sabes lo que le ha pasado? - No puede dejar de darle vueltas. - ¿Puedes hablar con él?

- Puedo intentarlo, si quieres. - Se queda pensativo. - Se ha ido muy rápido y no me ha dado tiempo a intentarlo.

- Si, inténtalo...


Resopla y cierra los ojos, busca el alma del mapache, no tendría que andar muy lejos, no le había dado tiempo, y conecta con ella.


- Qué raro… - Vuelve a abrir los ojos. - Parecía algo así como la rabia pero fue de repente...


- ¿La rabia? joder, me ha mordido. - Sacude las manos como si eso fuera a hacer algo.

- Pero te has curado, ¿No? - La mira asustado.

- Supongo...


- ¿Supones? no me jodas.

- No se, supongo que sí, ¿no? ¿Pero tiene la rabia? - Eso les pasa por jugar con animales muertos.

- No lo sé, lo parecía, pero no sé si era eso...


- ¿Oye y el perro?


Eru mira hacia los lados buscando al perro, que no veía.


- Joder, ¿Dónde está Luismi?


- Mi madre me mata. Luismiiiiiii.


Con el mapache muerto se han olvidado del perro tonto y a saber donde puede estar.


- Joder... ¡Luismiiiiiiiiiiiiii! - Le llama con ella.


Escucha unos ruidos detrás de unos arbustos y va a mirar. Efectivamente, sale Luismi de allí tan feliz lleno de mierda, se había revolcado en un charco de fango.


- Ufff… - Respira aliviado al ver al perro. - Usagi, está aquí.


- Joder, menos mal! - Uroko va a por el animal - Que asco...

- Yo que tú le ponía la correa y no lo tocaba más… - Suelta una risilla nerviosa. La verdad es que daba asco y olía a mierda.


- ¿Y si buscamos algún sitio donde lavarlo? ¿No había una playa o algo? - Le pone la correa y lo lleva a rastras.

- Sí, no tiene que estar muy lejos, parece que allí abajo hay una cala, o algo...


Caminan hacia allí y llegan a la pequeña playa.


- Se va a quedar tieso con el agua del mar, pero bueno.

- A ver Luismi ven. - Uroko intenta meterlo en el agua y el perro no quiere.

- ¿Quieres que lo intente yo?


Intenta aguantarse la risa al ver que Luismi es un cerdo y pasa de bañarse.


- Sí. - Se ríe, se está llenando de mierda, de agua, ha abrazado a un bicho muerto y no saben volver. - Esto es un poco pesadilla.


- Ven Luismi…- Le coge reticente, se estaba manchando las manos, pero le mira a los ojos intentando conectar, aunque no sabía si sería posible con él. Luismi es... cuanto menos especial. - Tenemos que bañarte.


El perro le mira, y a su manera estúpida le entiende.


Uroko los mira a los dos y se empieza a quitar los zapatos.


- Como no nos metamos con él se ahoga, ya verás.


Eru sonríe a Luismi, parece ser que ha funcionado y le ha entendido.


¿Eh...? - Mira a Uroko, que se empieza a quitar los zapatos. - ¿Qué haces?


- Pues meterme en el agua con él. - Después de los zapatos se empieza a quitar la ropa. - ¿Vienes?


Mira perplejo cómo se va quitando la ropa, quedándose inmóvil. No se lo esperaba, y empieza a sentir calor en la cara.


- Ehh... sí, sí, voy.













 
 
 

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