Capítulo 4 - Las Chuches
- 7 abr 2023
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Después de haber estado charlando con Mizar un buen rato, los chicos se quedaron por
"Villapollos" un rato antes de volver a casa. Caminaban bordeando el río Bolsona.

- Oye... Te han salido muy bien los portales.
- ¿A que sí? Me he vuelto un pro de repente. Al final le voy a sacar provecho al tuerto de mi padre y todo. - Sonaba con tono bromista. - Ya no vas a poder burlarte de mí por eso ehhh.

- Pues no, por eso no. - Niega con la cabeza y sonríe. - Además son muy útiles. Muy bien hecho, Nairelito.
- Qué ganas tenías de soltarlo, casi me la lías. - Empieza a sonreír y eso le gusta. - Pero seguro que tienes más cosas de las que burlarte, y si no ya te las inventaras.
- ¡Ha sido sin querer! - Se ríe con ganas. - En serio, se me ha escapado, pero no del todo. Seguro.

- Casi, a la próxima se te va a escapar, y no te lo perdonaré. - Sonríe con malicia y mira el río por un momento. - Ya sabes.

- No. - Se pone tensa mirando al río. - Eso no... No se me escapará. - Pero.. tampoco entiendo porque lo escondes, si no es feo.

- No sé, un día decides que odias algo y no quieres verlo o escucharlo. Supongo que eso me pasó. - Se encoge de hombros. - Sé que no tiene sentido, pero muchas cosas de las que hago tampoco lo tienen, está todo bien. Mmm… - Mira otra vez el río. - Debe estar fría el agua, ¿Verdad?

Ella le mira, no es verdad, todo lo que hace tiene sentido, incluso cuando la lía. No puede evitar sonreír más ampliamente, se empieza a encontrar mejor.
- Mucho... demasiado.
- Vale, igual me meto después, si es que no tenemos que salir corriendo porque te están llamando. - Se ríe y se siente mucho mejor. Es como si su bienestar y su sonrisa le reconfortara. - Al final estás haciendo cosas "malas".

- ¿En serio? - No le piensa acompañar, ha tenido agua fría para meses. - Bueno, están fuera no se cuando van a volver, y se supone que no he salido de mi cuarto. - Se ríe con él. - Yo no puedo hacer nada malo, lo sabes.
- No sé, puede. - Le mira levantando las cejas mirando el caudal del agua. - Ya, ya... si no es nada malo desobedecer a tus padres… - Se ríe.- Ohh... Ya veo tu truco.
- Es que no tienen razón... ¿Qué truco?

- Que para ti las cosas son buenas o malas cuando te interesan, ¿No? - Le mira, empezando a vacilar de nuevo al verla más animada. Al final le había molado.

- Es que... - A pesar de saber de sobra que le está vacilando no puede evitar tener que contestarle sinceramente, le devuelve la mirada con un poco de rabia. - Las cosas buenas o malas no existen, no es así como funciona.
- ¿Tú crees? Bueno, todo depende de la situación en que te encuentres en el momento, ¿no? - La mira de reojo. - Pero tú estás castigada sin salir y estás aquí a las 3 de la mañana. Bakemono… - Suelta una risa por lo bajo.

- Sí, de la situación, de la intención, de muchas cosas. - No sabe cómo lo sabe, pero lo sabe. - Ya... Sí, por tu culpa, como siempre. Pero estar aquí en sí no es malo. Se supone.

- Pero para tu situación actual no está naaaaaada bien…- Canturrea las palabras tranquilamente apoyándose en un árbol.- Claaaro, claro, mi culpa... No me hagas hablar.
- Supongo. - Se cruza de brazos. - ¿Quieres que me arrepienta y me vaya? Uh, hablar tú, qué raro.

- Pues no, no quiero que te vayas, a saber cuándo voy a poder volver a verte antes del insti. -
Saca la bolsa de chuches que le compró al día anterior y no se las llegó a dar. - ¿Las quieres? - Se las enseña desde el sitio.
Ella asiente, se le habían olvidado las chuches, al final nunca comen, se van a morir de hambre en el instituto.
- No se, con el portal ha sido fácil...
- Ya, lo ha sido, pero qué quieres... ¿Que vaya todos los días a tu habitación? - Sonríe mirando la bolsa de chuches y vuelve a llevar la vista hacia ella. - Ven a por ellas.

- ¿A qué? ¿A jugar con mis peluches? - Genial, un reto. Se acerca a donde está y se pone enfrente de él y estira las manos sonriendo un poco de lado - Dame mis chuches.
- No sé, a lo que me propongas. - Y con una media sonrisa eleva el brazo con las chuches en la mano cuando la ve acercarse. - Gánatelas.

- ¿Cómo? - Le pone ojitos.
- No sé, prueba cosas a ver si me convencen. - Se hace el tonto, con el brazo aún en alto y sonriéndola.

- Mmmmmsss... - Busca con la mirada en el suelo y se agacha a coger una piedra y se la pone en la mano.

Eru la mira y abre los ojos empezando a asustarse.
- ¿Me vas a pegar una pedrada o qué?
- No se, si es lo que quieres.
- ¿Entonces por qué me la das a mi? - No sabe qué hace.

- Pues a cambio de las chuches. - Levanta una ceja. - Pero si prefieres una pedrada, tú sabrás lo que quieres. - Le vuelve a vacilar.
- ¿Y qué gano yo con una piedra? Esto no se come ni puedo hacer nada con ella. - ¿En serio intentaba hacer trueque con una puta piedra?

- No sé, tú sabrás lo que quieres hacer con ella - Se ríe al ver su cara - Es bonita. - ¿Prefieres un guantazo como en el bosque? Pides unas cosas más raras...
- Sí, sí, es preciosa. - La mira como si estuviese loca. - Pero no voy a hacer nada con ella, no me sirve, prueba otra cosa. - Y luego la mira como con sospecha. - No te he pedido ningún guantazo.

- Hoy no. - se acerca a él otra vez y coge la piedra de su mano - No se, dame una pista.
- Ah, ¿y me la quitas? - Se hace el indignado y sonríe un poco cuando se acerca. - Si te doy una pista lo aciertas rápido.

- Claro si no la quieres me la quedo yo. - Acaricia a la piedra y la abraza sin moverse de enfrente suya - Prueba, ya sabes que soy muy lista.
- Pues era un regalo, eso no se hace. - Intenta aguantar la seriedad pero se ríe al verla tan mona abrazando la piedra como si fuera una mascota. - Por eso mismo, como eres muy lista ya deberías saber qué puedo querer.

- Es verdad. - Le ofrece la piedra con las dos manos - Toma, quédatela tú. - Se encoge de hombros haciéndose la inocente - No lo se, dímelo, yo no tengo tus poderes y no soy adivina.
- ¿No decías que sí eras adivina? Prueba algo o me las iré comiendo yo poco a poco.
Coge la piedra y se la guarda en el bolsillo, se la iba a llevar como regalo de verdad.
- No serás capaz. - Le mira indignada.

- ¿No me crees o qué?
Eru empieza a abrir la bolsa con los brazos en alto y la observa.
- Mmm... por ahí veo una chuche con forma de pato, me recuerda a Shiro, será la primera en caer.

- Serás cabrón. - Le bufa.
Estira las manos para cogerle la cara y que se agache un poco, le da un beso en la mejilla y le mira otra vez con ojitos.

- Dame mis chuches.
Eru se ríe después del besito.
- ¿Qué ha sido eso, Usagi? - Sonríe levantando la cabeza, como con soberbia. - Por ahí van las cosas, te acercas, pero no. - Se come una chuche delante de su cara.

Uroko se indigna de verdad, que se la ha comido.
- Bah. - Se burla otra vez. - Eres demasiado fácil, siempre quieres lo mismo.
- Ah, ¿que encima te burlas?
Mete la mano en la bolsa y se come otra chuche mirándola desafiante.

Le mira con la boca abierta de la indignación, si es que es facilísimo, pero no le da la gana ceder.
- Joder, Nairelito, eso es de mala educación.
- Puede. - Levanta una ceja, esperando que lo hiciera, pero a cada segundo que pasaba se iría comiendo más chuches. - Seguiré siéndolo si es lo que buscas.
Eru coge la chuche con forma de pato y la mira poniendo cara como con ganas de comérsela.

- ¿Y cuando se acaben qué? ¿Te quedas sin nada para siempre? - Es una gilipollez y en el fondo quiere ceder, pero no soporta que le ganen. - ¿Eso hacen los vampiros sectarios, torturar a sus kanojos con chuches? - Lloriquea.
- Puesss... Cuando se acaben habrás perdido. Yo tampoco habré ganado lo que quiero pero por lo menos me habré comido tus chuches, así que en cierta parte gano yo. - Sonríe satisfecho, sabe que le jode mucho perder y juega con eso. - Así es, y se nos da muy bien, ¿Quieres seguir comprobándolo? - Se acerca la chuche del pato a la boca.

- Ya, pero así como has montado el juego yo no puedo ganar. - Se muerde el labio cabreada. - Haces trampas. Así no es. No te comas mis chuches. - Le dice desafiante.
- Bueno, mi juego, mis normas. - Ignora sus quejas y sigue mirando el pato. - Si no quieres que me las coma ya sabes, ¿Y si no qué?

- Un plan de mierda, como siempre. - Le bufa y le da la espalda haciéndose la enfadada para poder reírse.
Se ríe en voz baja cuando la ve darse la vuelta. Sabía que le costaría que diese su brazo a torcer para conseguir las chuches y por qué no, hasta le estaba divirtiendo.
- Bueno pues nada, si las quieres ya sabes dónde están.

Mira hacia el río. Quería ganar como fuese, eso también era cierto, y se acera a la orilla con las chuches en la mano, extendiendo el brazo.
- A lo mejor a los peces les gustan más que a mí.
- No... Deja, ven. - Le mira indignadisima con la cara ardiendo, ¿Pero hasta dónde es capaz de llegar? ¿Por qué no cede? ¿Qué está pasando?

Se le dibuja una pequeña sonrisa victoriosa en la cara y se acerca a ella sujetando bien la bolsa, no se fiaba del todo de su astucia.

- Que…- Se para muy cerca de ella.
- Que vale. - Le susurra sin mirarle, vigilando la bolsa.
- Que vale qué.- Y agacha el cuerpo para ponerse más cerca de ella, con la bolsa en la espalda.
- Que sí, que lo hago, pero dámelas.
Se acerca más a su cara y le mira a los ojos.
- Primero me lo das tú a mi. - Le sonríe con confianza, se empieza a fiar aunque se la jugaba.

- A la vez.
- Venga va. - Se queda mirándola a los ojos acercando la cara.
Extiende la mano para que le de las chuches y se acerca más a sus labios.
- No intentes joderme, Nairelito. - Le susurra despacio. - A la de 3.

Coge la mano que le extiende y la usa para atraerla contra él, y mientras la besa con ganas después de haber estado un rato vacilándole le pasa la bolsa de las chuches desde su espalda a la mano que le había hecho rodearle.

Le devuelve el beso que en el fondo también quería darle, haciéndolo durar y por el camino se le caen las chuches, pero ya le da igual ganar.

Y otra vez la sensación de no querer ni poder despegarse de ella. Después de todo lo de la otra noche deseaba poder besarla, así que ¿Por qué no? Retrocede unos pocos pasos hacia atrás sin dejar de hacerlo hasta que el árbol donde antes se había apoyado se topa con su espalda.

Y la bolsa de las chuches en el suelo.

Se deja llevar, avanzado trás sus pasos, hasta que encuentra el tope y sólo se separa de él tras ni sabe cuanto tiempo, quedándose aún cerca de su cara y no puede evitar reirse flojito mirándole a los ojos.
- Eres lo puto peor. - Le recrimina, aún abrazándole. - ¿Dónde están mis chuches, Nairelito?
Él abre los ojos al escuchar su risita y suspira sonriendo empezando a reírse. Puto árbol.
- No sé, te las he dado. - Le habla en voz baja mientras la sigue abrazando, con cara de bobo feliz.

- Creo que se me han caído. - Le susurra. - Por tu culpa. - Y le vuelve a besar otra vez.
- Claro... Cómo no. - Vuelve a besarla después que ella. - Pues vamos a por ellas, no vaya ser que se las lleve un zorro. - Sigue su mismo tono de voz, hablando cerca de sus labios.
Ella asiente, pero no se mueve un milímetro.
- Quiero mis chuches. - Le dice con el mismo tono de voz.

- Vale, ahí están. - Le sigue el juego, tampoco quiere moverse y no lo hace, y le acaricia la cara suavemente con los dedos.
- ¿Vamos? - Le pide, no es capaz de moverse, cierra los ojos cuando la acaricia. - Venga.
- Vamos. - Le susurra con decisión, pero simplemente su cuerpo le pedía quedarse ahí. - Te estoy esperando. - Roza la nariz con la suya queriendo besarla otra vez, mientras aún la tenía atrapada entre los brazos.

- Va. - Le da otro beso y luego se separa de él de verdad cogiéndolo de la mano para ir a por las chuches - Seguro que no queda ni una - Se ríe. - Eres un liante.
Se ríe en plan idiota y la sigue agarrado de su mano.
- Oye, que eso ha sido torpeza tuya, yo te las he dado bien.
- Ya, super bien. - Le sonríe y se agacha a coger la bolsa, la mira detenidamente, aún quedan dentro, la levanta como un trofeo - ¡Mira!

- ¡Sugoi! - La sonríe viéndola tan feliz con sus chuches y ve algunas por el suelo. - ¿Pero queda alguna dentro?
Asiente y mete la manita dentro de la bolsa para sacarla cerrada en un puño que abre ante él para ofrecerlas
- Coge.
Eru coge una con forma de murciélago de color negro y se la enseña.
- Cojo esta porque soy un vampiro sectario. - Mira hacia el río encogiendo los hombros. - ¿Por qué no? Mm.. ¿Qué pasa, quieres o qué?
- Yo ni muerta, te espero aquí, estás loco.
- Vale, tú verás eres bienvenida si quieres venir. - Le dice mientras se saca las zapatillas y las lanza cerca del árbol.

Hacía calor y a esas horas no había nadie por allí, así que lo haría, claro. Se quita todo quedándose en ropa interior y se sube al árbol para tirarse desde la rama.
Cuando lo hace salpica hasta muy cerca de donde estaba Uroko.

Ella se queda mirándole tranquila en tierra firme, no hay necesidad de más torturas, se va a hacer de día ya, sólo espera que sea capaz de volver a abrir un portal a su habitación sin acabar perdidos en el desierto otra vez.
Después de bucear un rato, Eru sale tieso como una vela y va hacia ella con risa nerviosa.
- Está congelada, joder.

- ¿Lo ves? - Se mantiene a una distancia prudencial. - Vas a morir.
- Que noooo, no pasa nada.
Le acerca la ropa, no sabe cómo no coge una pulmonía haciendo siempre lo mismo, será cosa de los elfos.
- Toalla para qué. - Se burla. - Joder Eru..
- No sé Usagi, es que esto no lo planeo. - Se ríe y coge su ropa. - Gracias, ¿Te das la vuelta?

Se la da corriendo. No se ha dado ni cuenta.
- Ya… Pero podrías tener una toalla mágica o algo, acabas todos los días en el agua.
- ¿Toalla mágica? Tampoco soy un brujo. - Se ríe mientras se quita la ropa interior empapada y se pone encima los pantalones. - Ya te puedes dar la vuelta.
- No se, pues abres un portal y coges una, si es que los portales son geniales. - Se da la vuelta.
- Mejor no quiero tentar tanto a la suerte, que hoy la estoy gastando toda de golpe.
Se le queda mirando y se le escapa otra risita.
- Pues ojalá te dure, porque hay que volver.

- Qué pesadita estás con los portales Usagi. - Se sigue riendo luchando por aguantarse.
- ¿Qué es lo gracioso? - Levanta una ceja desconfiada - Si es que no se como no los has aprendido antes.
- Porque he preferido leer mangas. - Le pone morritos.
Se ríe al verle hacer ese gesto.
- Pues muy mal. - Se sigue riendo. - Paraaa.

- ¿Qué pare el qué? - Se acerca a ella con la misma cara, haciendo más énfasis en el gesto.
- Paraaa.. - Le quema otra vez la cara. - ¡Deja de hacer esooooo!
Llega cerca de ella y cambia la cara al instante, volviendo a una sonrisa normal.
- Baaaaka...
- ¿Yo? ¡Encima!
- Es divertido cuando te pones así. - Se termina de vestir y besa su mejilla. - ¿Volvemos? Al final apuramos tanto que nos van a pillar.
- Sí, sí, por dios, volvamos. - Mira su móvil. - De momento me salvo, ¿Tú?
- No sé, ya veremos. - Mira la hora, seguro que llega tarde.

Se gira hacia un lado y vuelve a abrir un portal. Agarra a Uroko de la mano y lo vuelve a cruzar, seguro que le ha salido como los otros dos y sale decidido... Pero en Glimmerbrook.

- Eh... No... Aquí no era primero.
- Esto no es mi cuarto.
- ¿Querías ir al tuyo? - Le mira levantando una ceja.
- Eh, eh, ¿En qué estás pensando? - La mira sorprendido. - Claro que no, pensaba en el tuyo, rosita, con sus peluches y todo.

- Yo no, ¿En qué estás pensando tú? Y no hay tantos peluches.
- En nada. - Mira a otro lado mordiéndose la lengua y abre otro portal. - Joder, venga...
- Ya.... - No le cree.
Mira el otro portal con curiosidad.

- Vamos Usagi. - Vuelve a coger su mano y cruzan el portal, apareciendo al fin en el dormitorio de Uroko.

- Ey ahora sí - Comprueba que no haya nada raro y se asoma a las puertas, parece que todo el mundo duerme.
- Perfecto, arigato. - Le da un abrazo.
Eru intenta concentrarse para que el portal no se cierre y no cagarla otra vez, ya que venían de su casa lo aprovecharía. Le devuelve el abrazo fuerte.

- No sé si querrás dormir, pero si te aburres puedes hablarme, no creo que duerma ya.
- Ni yo... Hablamos luego. - Le da un beso rápido para que no se le cierre el portal.
Le vuelve a dar otro más largo y salta corriendo por el portal antes de que se cierre, se empezaba a desconcentrar.





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