Capítulo 6 - Copperdale
- 7 abr 2023
- 10 Min. de lectura

Uroko se gira para mirar a Eru apoyada en su pecho, ya no está nerviosa, está increíblemente tranquila y al contrario de lo que creía no siente la más mínima vergüenza.
- Oye, Nairelito.

Le cuesta abrir los ojos cuando escucha que Uroko le llama, se había relajado tanto que creía que se había dormido por un momento, y tanto que ni siquiera le irrita que le haya llamado así. Seguían tumbados en la cama de su habitación y la rodeaba con su brazo por la espalda.

- ¿Le mandamos un mensaje a Flow para que deje de dar por culo? - Se ríe, ella no tiene nada de sueño.
Eru se empieza a reír con una risa tonta, se lo imagina todo, así es posible que dejara de decirle que "se fuera a mirar la luna".

- No estaría mal. - Bromea sin dejar de reírse.
- Tengo hambre, y sed, mucha sed, ¿tu? - Se levanta y se viste.

- Yo también, esto cansa ¿eh? - Se incorpora de la cama y mira cómo se viste sonriendo como un idiota.
Y como no se va a quedar en pelotas en la cama de Uroko hace lo mismo y se pone la ropa con la que había venido, o sea el pijama.

- Yo no estoy cansada. - Le vacila - No seas blandito.
Se acaba de vestir y se va a peinar al espejo.
- ¿Blandito yo? - Hasta se ofende y todo. - Te aguanto tres o cuatro más sin quejarme, ja. - Le sigue el vacile, ya que se había puesto así, y va hasta ella y la despeina con la mano lo que había podido peinarse.

- Ehhh. - Le fulmina con la mirada y empieza a peinarse otra vez. - ¿Te dejo algo de ropa? - Se sigue riendo, está muy feliz.

- Mmm, vale. Creo que tu vestido ese de flores con el escotazo me puede quedar muy bien. - Le sigue la coña, ahora mismo le da igual todo, nada le va a borrar la sonrisa de idiota de la cara. - ¿Qué te apetece comer?

- ¡Sushi! - Le dice convencidisima - Y takoyaki y ramen y.. - Está muerta de hambre.
- Y tonkatsu, y omuraisu, y donburi. - Asiente con la cabeza. Joder que día de suerte, después de todo a desayunar japo con el hambre que tiene.

- ¡Hai! - Le da un beso. - Pero no vas a ir así ¿No? Mis zapatos no te caben...
Eru recuerda que va descalzo cuando después de escucharla se mira los pies.

- Ehhh... pues no. - Se queda pensativo. - Pero podemos ir a mi casa, me visto y nos vamos otra vez.
Al final Uroko tenía razón con eso de los portales.
- ¿Y tus padres? - Le mira seria y le da un momentito de responsabilidad. - Seguro que te han buscado o algo es super tarde…

- Puesss… - Busca su móvil en el bolsillo del pantalón y ve otra vez una pila de notificaciones. - Sí, me han llamado otra vez un montón y tengo un mensaje.
Empieza a leerlo y levanta las cejas. No sabe si sorprenderse o reírse.
- Joder... ¿Qué dicen? al final nos la cargamos de verdad...
- Que haga lo que me dé la gana como siempre hago pero que me voy a cagar cuando llegue a casa y los vea, claro.

- Joder... ¿Qué hacemos?
- A estas horas no están en casa nunca Usagi, se van al bosque a hacer sus movidas. - La intenta tranquilizar. - Así que no pasa nada, y ante la duda no salimos de mi habitación.
- Bueno... pero no quiero que te la cargues ahora o cuando sea... - Le mira seria un segundo. - Pero tampoco vamos a morir de inanición. - ¿Abres uno?

- Prefiero cargármela a morir de hambre.- Sonríe y le tiende la mano. - Vamos.
Se concentra todo lo que puede y abre un portal.
Le da la mano tranquila, seguro que sale bien.

Y efectivamente, cuando lo cruzan aparecen en su cuarto.

Eru va directo al armario sin pensárselo mucho y como tiene hambre no se para mucho a pensar en la ropa como siempre hace. Se viste y mira a Uroko.
- ¿Así está bien?
- Hai. - Le sonríe es más diva que ella y luego le habla de zapatos por el bosque. - Muy guapo.

- ¡Aaah! Un segundo, no tardo.
- Sin prisa, Nairelito, tú ponte guapa.

Va hacia un cajón y vuelve delante del espejo con su maquillaje en la mano. Se pone a pintarse el ojo y a emborronárselo. Nunca sin su eyeliner.

- No te rías tanto, Usagi, lo lamentarás. - Bromea mientras guarda todo otra vez.
- ¿Me pintas un día?
- Cuando quieras, pero tiene que ser a mi rollo eh? - Se ríe y se acerca a ella mirando su cara. - Bueno, algún corazoncito o alguna estrellita te puedo pintar si me lo pides.

- Si, como tú quieras, me gusta mucho tu rollo.
- Vale, me lo apunto. - Sonríe convencido.
- ¿Dónde vamos?
- Ah, creía que lo sabías tú.

- ¿Al japo del desastre?
- Había pensado en eso pero quería preguntarte antes, no sabía si querrías ir allí otra vez.
- Claro que quiero, si es precioso, ¿Por qué no iba a querer?

- Pues por la liada de la última vez, pero fue hace mucho, ¿No? - Sonríe, ese restaurante estaba muy guay y tenía ganas de volver.
- Bueno, así la mejoramos... Además, la liada al final salió bastante bien ¿No?
- Bueno, sí. - Recuerda un poco aquel día. - Las pasé un poco putas después pero sí, salió bien.

- Lo siento, en serio. - Le da un beso. - No sé ni qué excusa poner, soy gilipollas.
- Pero qué dices, no tienes que disculparte por nada y menos ahora. - Vuelve a darle otro beso rápido y sonríe. - Da igual lo que haya pasado si todo ha servido para llegar donde estamos ahora.

- Si, supongo. - Se queda mirando la cama un momento. - Oye, ¿Ha sido igual? - Le mira con malicia.
- ¿Cómo que igual? - Le mira levantando una ceja con sospecha, esa cara que había puesto era de angelito endemoniado.
- Pues eso, que si ha sido igual.

- No, ha sido mejor. - Se le dibuja una sonrisa vacilona. - ¿Por qué lo preguntas?

- Por curiosidad, claro. - Le saca la lengua. - Hasta me gano a mi misma. ¿Nos vamos antes de que venga tu madre?
No se aguanta la risa con su frase, que se gana a sí misma dice...
- Sí, vámonos.

Abre de nuevo otro portal y ella le da la mano.

Vuelve a saltar esta vez más confiado pero nada más lejos de la realidad. Aparecen en la plaza de la fuente de los gatos en Brindleton Bay.
- ¡Joder! ¿En serio?
- ¿Pero en qué estás pensando? Eruuuuuuu. A ver, no sé, esperamos un rato a que te puedas concentrar o algo, me voy lejos.
- No te vayas. - Se empieza a reír y le sujeta de la mano. - Sólo necesito un momento para concentrarme de verdad, lo juro, esto supera mis expectativas para hoy.
Aunque parezca que no, aun está que no se lo cree.

- Joder... sí y más después de haberlo dicho, no se... ha sido raro. - Le sonríe. - ¿Quieres andar un poco o algo?
- Pues sí, ha sido raro, pero ya sabes, cuanto más raro más interesante. - Le devuelve la sonrisa. - ¿Tú quieres? Creo que por esta zona hay playas.

- Sí, no sé... Supongo que tenías razón. - Piensa un momento. - Y nekos, no sé, si te ayuda a centrarte o algo.
- ¿Nekos? Pues a lo mejor, aunque... ¿Me dejas intentarlo de nuevo?
- Claro, las veces que quieras.

Vuelve a abrir un portal y pasa por él, ya sin esperanzas de nada. Y total para qué, mira a su alrededor y parece el lugar donde iban a vivir durante el curso.

- Ehhmm... ¿Por qué Copperdale?
- Hostias, ¿El insti?

Mira a lo lejos un edificio enorme a lo alto de una colina.
- ¿Es eso de ahí?

- Guau... - Mira a su alrededor. - ¿Qué bonito no? Pedazo de bosque.

- Pues... Sí… - Mira a su alrededor flipando un poco, al final no se lo va a pasar tan mal en el insti. - ¿Y si buscamos algo para comer por aquí? A lo mejor también hay un japo cerca.
- Hey, vale. - Le gusta la idea - Así vemos esto.

- Claro, así conocemos el sitio para cuando vivamos aquí. - Sonríe y mira otra vez el bosque a lo lejos. - Joder que bien, voy a poder ver a Ras durante el curso.
- Hostias ¿Ras puede venir aquí?

- Seguro, no está muy lejos de casa, seguro que el bosque conecta por algún lado y viene para estar con nosotros. Molaría, ¿verdad?
- Pues sí, me encantaría poder ir a verle. - Le tiene mucho cariño al bicho y sabe que es muy importante para Eru.

- Pues hablaré con él, así se viene con nosotros a este sitio. - Sonríe, y más adelante ve un restaurante. - Mmm... no sé si tendrá japo, podemos mirar.
- Ya me como cualquier cosa, tengo hambre. - Lloriquea y se va decidida para allá.
La sigue corriendo detrás de ella, tenía razón, su estómago había empezado a rugir.

El restaurante era de todo un poco. En la puerta había un cartel en el que ponía que había comidas de todo el mundo, así que por qué no. Eru mira a Uroko para comprobar si le convencía.

- ¿...Quieres?
Uroko asiente, está famélica de verdad. Le coge de la mano y tira de él hacia dentro. No le da opción a decir ni opinar, simplemente tira de él hacia dentro del restaurante sin pensárselo un segundo.

Eru busca la mesa más alejada y se sienta con ella.
- Joder Usagi, casi me arrancas el brazo.

- Perdona, te veía empezando un debate filosófico y de verdad que me muero de hambre. No sé porqué.
- ¿Un debate...? - Se empieza a reír y coge la carta. - Usagi, no hay tiempo para hablar, tengo hambre y como siga sin comer mi estómago va a empezar a devorarme. - Empieza a leerla y ve un montón de nombres raros y comida extraña.
- ¿Pero esto que es...? ¡OHHHH YAKISOBA!
- ¡Me vale!

- ¿Sí? - Se le iluminan los ojos y se levanta a pedirlo todo en la barra, pasa de esperar a ningún camarero. Tiene hambre y quiere que les den la comida ya.

Le espera en la mesa pacientemente, mira el reloj del móvil, joder es increíble lo rápido que pasa el tiempo cuando está con él y le preocupa bastante las consecuencias pero está contenta.

Vuelve más despacio hacia la mesa mirándola desde que se da la vuelta en la barra y mientras camina hasta allí no puede evitar volver a pensar en cómo han sucedido las cosas, no puede evitar dibujar la enésima sonrisa tonta del día. Se sienta frente a ella.
- Hey, ya estoy, ¿Qué haces?
- Esperarte y pensar.
- ¿Y qué piensas?

- Aiiiins. - Suspira, ya empieza. - Pues... Pensaba en que nos la vamos a cargar y... Cosas.
- ¿Por qué? Y... ¿Qué cosas?
- ¡Joder Eru! Pues cosas...queestoymuybiencontigoyeltiempopasamuyrapido. - Murmura flojito mirándole apurada.
- ¿Eh...? - Le había entendido a medias. - Repite porfa.
- ¡Qué te quiero! - Le grita y se queda petrificada.

Eru mira a Uroko con los ojos como platos. Era lo que menos se esperaba que saliera de su boca, y le pilla tan desprevenido que no sabe ni que contestar, por primera vez.

- Y nos la vamos a cargar tu cuando llegues a casa y yo cuando vaya porque.... - Habla muy rápido y mirando al suelo. - Nos hemos escapado estando castigados y encima te ha escrito tu madre o tu padre o no se quién habrá sido y... No quiero que te castiguen más pero tampoco quiero dejar de escaparnos porque no quiero dejar de verte y por eso… - Coge aire por primera vez y respira.

- Vale a ver... Antes que nada… - Suspira sonriendo con tranquilidad. - Yo también te quiero. Ai shiteru, Usagi.
Nunca lo había dicho pero lo llevaba sintiendo hace ya unos días.

Ella sigue mirando al suelo.
- Y luego, lo otro… - Coge sus manos encima de la mesa y le dedica una mirada inspirando confianza. - Mira, no te preocupes por mi ¿Va? No pasa nada, puedo arreglármelas, creo, no sería la primera vez. Yo tampoco quiero dejar de verte, este castigo es una mierda, no pueden hacer que no nos veamos, es una puta injusticia.
- Ya... Pero es que tienen razón, lo peor es que la tienen.

- ¿En qué tienen razón?
- En que ni podemos hacer lo que nos dé la gana ni desaparecer tanto tiempo, ni salir todas las madrugadas ni nada de eso. Lo hacemos mal.
- Ya, bueno... Gomen. En eso no he pensado en ti Usagi, lo siento.

- No es tu culpa, yo también he sido.
- No, a ver. A mi me da igual salir a la hora que sea y te he hecho seguir mis pasos. No me mola nada que tengas problemas en casa por ello, y por eso es mi culpa.
- No sé, no me parece tu culpa y me preocupas más tu. - Sigue insistiendo. - Pero bueno ya lo arreglaremos.

- ¿Por qué más yo? - Niega con la cabeza. - En casa no pueden conmigo, te lo aseguro.
- Porque te llevas peor con ellos o algo.
- Da igual, aun se creen que soy un crío y no me dejan en paz.

- Bueno cuando vengamos aquí todo cambiará. - Le mira a los ojos por fin y le sonríe levemente. - Seguro.
- Pues claro. Aquí estaremos tranquilos. - Le devuelve la sonrisa y justo les traen la comida, que olía tan bien y tenía tanto hambre que no tardó ni un segundo en empezar a comer, aunque quemara.

Uroko ve la comida y devora en silencio no sabe si es el hambre o es lo mejor que ha probado en su vida. Asiente sin parar de comer.

No tarda mucho en terminarse el plato y aunque parecía que se hubiese comido tres platos más antes de empezar ahora estaba petado a arroz.
- Creo que voy a reventar.
Ella come más despacio pero constante y cuando para se deja una buena parte.
- Y yo.
- ¿Ese es todo el hambre que tenías? - Mira el plato a medio acabar y suelta una carcajada. - Si es que comes como un pajarito.
Uroko se encoje de hombros.
- Iba a morir. - Le dice solemne y al momento se ríe.

Se ríe con ella.
- Pero ya no. - Mira la hora en el móvil y resopla. - ¿Quieres volver a casa? Igual... nos estamos pasando un poco.
- Mucho, nos estamos pasando mucho. - Suspira. - Y no quiero.

- Pero hay que hacerlo.
- Ya, yo tampoco quiero... No sabes lo que me cuesta decir que te llevo a casa.
Ella le mira seria pero enseguida sonríe, no lo puede evitar.
- Si lo sé, Nairelito.
Eru no sabe cómo ni porqué, pero su sonrisa le reconforta. Bueno, sí lo sabe.

- Angelito endemoniado. - Coge su mano y se levanta. - ¿Vamos? A ver si no acabamos en el más allá.
- Por favor, no, sin infiernitos.
- Vamos a comprobarlo.

Lleva a Uroko fuera del restaurante y abre otro portal, esto ya era casi probar suerte a ver si le salía bien, al paso que iba...
- ¿Estás más centrado?
- No lo sé, creo que sí, pero no confirmo nada...

Cruzan el portal recién abierto y aparecen en Glimmerbrook.
- Joder... Creo que pensé en la casa equivocada.
- No pasa nada, al menos no es el desierto. ¿Estás pensando en mi cuarto o en qué?

- Si bueno, algo así, pero me ha salido el mío.
- ¿Algo así?

- Mmmm sí, pensaba en tu cuarto de otra manera. - Se ríe entre dientes.

- Eruuuu. - Le mira flipando.
- ¿Quéeeee?

- Que así no va a salir bien nunca. Deja de pensar en eso. - Suspira. - Y piensa en lo que tienes que pensar. Porfa.
- ¿Y no podemos ir andando desde aquí?, no se tarda mucho... Creo.
- Si, mejor.
- Vale pues te acompaño hasta donde siempre, si quieres.

- Vale, vamos - Le da la mano.
Le agarra fuerte y toman camino a del Sol Valley.




Comentarios