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    Tsumi

Soba ni Itekure

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Capítulo 8 - Akuma

  • 25 mar 2023
  • 15 Min. de lectura

Después de la visita anterior, Eru y Uroko han seguido hablando continuamente por Simsta, han descubierto que como sospechaban si Eru está contento Akuma "no está" y Uroko ha empezado a ponerle canciones que le gustan para poder hablar con él sin que Akuma les oiga.


También ha hablado con el demonio, para intentar averiguar si es verdad que Eru morirá si Akuma se va como supuestamente le ha dicho a él, eso deja bastante tocado a Eru pero ella está convencida de que de alguna forma puede engañar al demonio.


Eru está hecho polvo, porque Akuma va ganando fuerza, y ni siquiera come, por lo que Uroko le ha dicho que le va a llevar comida, ramen claro, es la primera vez que va a su casa y han quedado detrás en la ventana de su habitación.


Hacía un buen rato que ya se había pasado la medianoche pero Eru seguía esperando a Uroko después de saltar por la ventana de su cuarto hacia el jardín trasero. Ya no esperaba que viniera por las horas que eran, pero le avisó de repente y ni siquiera se paró a pensar en cambiarse el pantalón del "pijama". Se apoyó en la fachada trasera de la casa a esperar a que llegara. Esperaba que no tardara mucho.


Uroko le había dicho a Eru que iba para allá, se había vestido y estaba a punto de salir pero justo cuando iba a hacerlo le saltó en YouTube una canción que no había oído antes y le gustó tanto que se quedó viéndola y luego otra y otra... Y cuando se acordó de que iba a irse era super tarde, así que le escribió para pedirle perdón y se fue corriendo a su casa.


Llega a la casa donde supone que es según sus indicaciones y se lo encuentra apoyado en la pared como en el día del restaurante, en pijama, pero igual de divo que siempre.


- Hola. - Le saluda sonriendo un poquito. - Soy un desastre, perdona.


Mira a Uroko que acababa de llegar y la mira levantando una ceja pero sonriéndola.


- Qué, los vídeos guay, ¿No? - Le hablaba con tono de broma.


- Haiii. - Debería arrepentirse pero está emocionada. - Ya te los enseñaré, seguro que te gustan, ¿Cómo estás?

- Seguro. - Se aparta de la pared y se acerca a ella. - Ahora bien, ¿y tú?


- Bien, toma. - Le da un paquete que llevaba en la mano, no muy grande, sin ceremonias a ella eso no le va.


Eru coge el paquete y se queda mirando sorprendido.


- ¿Esto es lo que decías que querías darme? No me has dado tiempo ni a preguntar. - Se ríe mirando la caja. - ¿Lo abro ya, o después?

- Pues... Cuando quieras, lo tenía hace mucho pero se me olvidó y luego pensé que igual ya no te hacía falta. Si no te gusta lo cambio.


- Seguro que me gusta, pero ¿sabes? Lo abro después. - Sonríe y lo deja en el escritorio que está bajo la ventana.- Prefiero aprovechar el rato contigo ahora.


Ella se encoge de hombros dándole a entender que vale.


- Como quieras.


- Hey. - La mira a los ojos con una expresión amable. - Sonríe.

- ¿Qué? - Se pone de los nervios. - ¿Por qué estás tan contento? - Le mira intentando ver si es él, Ian la ha puesto un poco paranoica y a lo mejor han hablado de más y ha subestimado a Akuma.


- Porque has venido, baka. - Intenta no reírse. - Soy yo, simplemente no esperaba que vinieras ya tan tarde, y me ha hecho ilusión. - Mira hacia el suelo y ve sus pies descalzos entre la hierba, se da cuenta de que sólo lleva un pantalón. - Joder, ni siquiera me he vestido, lo siento. - No aguanta más y se ríe.


Ella se relaja un poco y se ríe con él.


- Pues claro que he venido, si te lo he dicho... - Mira las pintas que lleva y sonríe. - Eres un desastre. - No esperaba encontrarlo así tan feliz.


- Ya, yaaaaa... Pero era más entretenido ver vídeos de música que venir hasta aquí. - La intenta chinchar. - Aunque bueno, no te culpo, yo también lo hago.

- Joooo... Lo siento... Bueno no, no lo siento. - Joder con no poder mentir. - No me he dado cuenta de verdad.


Se pone un poquito seria y suspira, no quiere pero tiene que hacerlo.


- ¿Y Akuma?

- Ais… - Que le nombre a Akuma hace que le de un mini bajón. Estaba contento, ¿Por qué tiene que sacarle? - Si le llamas viene, así que déjalo, ¿Vale?


Ella le mira extrañada, no ha entendido nada o no la quiere dejar hacer nada, vale que no están en el bosque pero... No es eso lo que le había dicho que hiciera. Le da un poco de rabia, no se ha tirado tanto tiempo hablando con el demonio y cediendo para nada. Seguro que ya se ha dado cuenta.


- Vale.

- Usagi, vale... Perdona. - Mira a un lado suspirando. - Tienes razón.

- Yo. - No le mira a la cara. - Sólo quiero estar con los dos. No me gusta que os... - Joder que difícil. - Bueno, eso.


- ¿Qué os qué...? - Se queda pensando y cree que lo mejor es callarse la boca. - Ya, vale, sí, lo sé, lo que hablamos ¿verdad? Estar con los dos. - Mira hacia un lado con los ojos disimulando.


Ella asiente. Engañar a alguien sin mentir es muy difícil, aunque admite que hay algo en ello que la enorgullece, pero hacerlo con un demonio no sabe si es buena idea.


- No te enfades, Eru.


Eru niega con la cabeza resignado para tranquilizarla. Ya le da igual todo.


- Estoy bien.

- ¿Y él?

- Mejor que nunca, parece.


Uroko se estremece, sigue sin saber si es buena idea, a lo mejor aún está a tiempo de pararlo todo, pero le da miedo que Akuma haga algo malo de verdad.


- Me alegro. - Duda un momento y por fin le mira a la cara. - Por los dos.

- ¿Qué estás intentando hacer? - Le mira preocupado. No sabe en qué momento se había pensado que iba a ser una quedada normal, aunque pensándolo mejor, no había ni siquiera empezado normal.


Uroko levanta una ceja, ¿en serio le está preguntando eso? ¿y si les oye? ¿Pero qué le pasa? Creía que esta mañana lo había entendido.


- Nada, ¿He hecho algo mal?

- A ver es que Akuma me ha preguntado qué querías hacer y está preocupado. - No quería decirle que algo había conseguido captar de su conversación de esta mañana y le había estado taladrando. La miró fijamente con cara de póker, esperando que le entendiera.

- ¿Qué quería hacer de qué?


- No sé, sólo me ha dicho eso.

- Nada. - Se ruboriza un poco y mira al suelo. - Veros, no sé, si queréis me voy.

- No, Usagi, no te vayas. Con lo que he esperado para que vinieras. - Sonríe, aun mirándola con cara de circunstancias e intentando que siguiera con su "plan".

- Bueno.


- A ver, ¿quieres hablar? Porque podemos entrar a mi cuarto y jugar. - Se queda paralizado al entender lo que acababa de decir y se pone rojo como un tomate. - A jugar a la consola, no a... Mierda. Déjalo.


Uroko lo mira flipando en colores, joder no han conseguido nada, seguro que la ha oído y estará cabreadísimo, ni siquiera se cree que sea Eru ¿Qué le pasa?


- Vale.

- Vale, ¿A qué? - La mira empezando a estar estresado. No sabía que hacer ya. No podía decirle que él se había enterado de algunas cosas.


- Vamos a jugar. - Le nota super nervioso, seguro que no es él, tiene ganas de gritar.

- Vale, ¿puedes tú sola? - Señala la ventana.

- Sí. - Mira hacia la ventana, otra vez no, pero qué mierdas les pasa. - Creo... No sé... No, ¿No podemos entrar por la puerta?


- Puesss... A no ser que quieras encontrarte a mi madre viendo Netflix y oír como me grita... Mejor por la ventana. - Compara la altura de la ventana con ella y no puede evitar dibujar una sonrisa. - Sabes que puedo ayudarte.

- Vale. - Uroko se está estresando un montón.


Eru se acerca a ella y le agarra por la cintura para subirla hasta la ventana, sentándola sobre el marco.


- Es que no ibas a llegar... Podríamos haber estado aquí un buen rato. - Se ríe y se queda mirando su cara, ahora a la altura de la suya.

- Ya. - se ríe nerviosa - Arigato.


Se queda ahí sentada sin saber si entrar y sin atreverse a hacerlo.


- Nada. - Se vuelve a reír mirando al suelo y se mete por la ventana a la habitación de un salto apoyándose en la ventana.


La agarra por detrás sin avisar y la baja hasta la habitación.


Uroko le mira indignada.


- Podía yo sola. - Se para y mira la habitación, igualita que la suya vaya...

- Vale, vale... Solo era para ahorrarte el esfuerzo. - La mira disimuladamente. - ¿Te gusta o qué?


- Hai. - No puede evitarlo y mira cada póster y cada detalle, hay un montón de cosas que le gustan - Aunque tener la habitación pintada de rojo no es muy... Sano.

- Bueno, igual es porque no ves bien, pero es negra. - No se aguanta la risa.


Uroko le mira, con la cara ardiendo, porque cojones ha dicho roja


- Eso, eso quería decir negro.

- Ya, ya… - Intenta dejar de reírse, incluso lo medio controla, estaba daltónica perdida. - No pasa nada, yo me equivoco mucho, bienvenida al club.


Ella no dice nada.


Eru camina hasta su cama y se sienta desplomándose sobre ella.


- Si quieres jugar ahí están los mandos.


Uroko mira "ahí" y va a coger los mandos.


- ¿Quieres matar zombies?

- Hai. - se va a su lado y le da uno de los mandos, se queda ahí de pie tiesa sin mirarle.

- Usagi...Si te quedas ahí de pie de espaldas a la tele no vas a jugar una mierda.

- ¿Qué? - Le mira un momento y reacciona, ¿Qué cojones le pasa? - Ya, si, voy.


Se sienta a su lado pero con distancia. Enciende la consola pulsando el botón del mando y queda mirando la tele. Se le ocurre una idea.


- Usagi, ¿tú sabes élfico?

- No.

- Yo tampoco mucho. Pero busca estas palabras ¿Vale? Intenta interpretarlo porfa.


Uroko asiente. Está rarisimo, pero mucho no sabe si es Eru, Akuma o le está dando una embolia al tío.


- Nányë Eru, Usagi.


Uroko lo busca en su móvil y le mira.


- Ya...

- Rauko. - Se queda mirando a la nada, ni siquiera sabe si lo está diciendo bien.


Uroko lo busca y le mira extrañada, ¿le está pidiendo que le pegue? ¿Qué le muerda? Se quiere ir.


- Argh, todo mal. - Se desespera. - ¿Te acuerdas de cómo se llama el acorde del que te he hablado?


Esto de hablar en clave no se le da bien.


- Si, claro, el feo.

- Vale, pues... Acuérdate del nombre. ¿Lo sabes?

- Sí.

- Pues... El acorde ese, lo sabe.


Uroko le mira con cara de susto, si es que lo sabía.


- Ya...


- Por eso... No quiero nada hoy, ¿lo entiendes?

- No. - ¿Que no quiere nada de qué? ¿De mordiscos? Uroko se está agobiando. - No sé qué estás haciendo...


Eru mira al techo desesperado y lanza el mando de la consola al suelo.


Uroko se pone de pie y se aleja de él.


- Me estás... - No, no se lo va a decir, se cruza de brazos y le mira.


Respira hondo e intenta concentrarse. ¿Cómo cojones le podía decir que Akuma se olía algo?


- A ver... Usagi. Esta mañana la canción se ha parado unos instantes y no me he dado cuenta. - La mira a los ojos sin moverse del sitio. - Mientras hablábamos, ¿Me sigues?


Ella le mira desafiante.


- Ya... te dije que podría pasar. - Sigue sin creerse que sea Eru. - ¿Y?

- Usagi, que soy yo. - Le mira preocupado y se levanta queriendo acercarse a ella.


- ¿Y por qué lo repites tantas veces? - Se echa hacia atrás. - Y a mí qué más me da quien seas. Te he dicho que quería estar con los dos.


Se queda parado al ver cómo se echa hacia atrás y le jode, mucho.


- ¿Por qué no me crees? ¿No vas a dejar que me acerque más o qué?

- ¿Y por qué estás tú solo? ¿Para qué?


- No estoy solo, sabes que nunca lo estoy, pero joder soy yo. - Se empieza a poner nervioso, el cabrón había conseguido que Uroko le tuviese miedo o algo. ¿A esto se refería Ian, en cierta parte? - Porque me gustaría coger tus manos y que sintieras que soy yo.


- Pero él no habla, ¿Dónde está? - Uroko bufa. Es el mismo puto cuerpo. Le mira a los ojos y le da cosita, les ha salido todo mal, Ian tenía razón, y ella ha sido una estúpida por pensar que podría sola contra un demonio.

- Le había conseguido dejar en segundo plano porque habías venido, pero ahora sólo observa, y se ríe, le divierte esto. - Resopla y mira hacia la ventana otra vez. - Pero le has nombrado, y ahora... No se va.


- ¿Y por qué no habla conmigo? - Uroko no sabe qué cojones está haciendo. - ¿Y para qué quieres que se vaya? He dicho con los dos y me has dicho que sí.


Se mira la mano y duda un momento, finalmente la extiende ante Eru.


- Porque prefiero estar feliz y no hecho un asco, ahora que he vuelto a recordar lo prefiero.

Observa como extiende su mano hacia él y avanza despacio hasta ella para terminar cogiendo su mano, casi acariciándola. - No quiero que dejes de confiar en mí por esto. - Le habla casi con un hilo de voz, mirando las dos manos juntas.


Ella le mira angustiada, así Akuma no se va a creer nada, lo poquito que había conseguido antes no ha servido de nada y encima le está haciendo daño a Eru, todo MAL.


- No se que quieres. - Se muerde el labio inferior por dentro, como siempre que está nerviosa y le mira a los ojos - No habíamos quedado en esto...

- No hemos quedado en nada, te dije que no lo hicieras.


Uroko le mira flipando, hale así, por sus cojones, a la mierda todo, todo el esfuerzo para nada.


- Eres idiota, nos va a destrozar.


- ¿No te das cuenta de que ya lo está haciendo? - Clava la vista en ella, serio y preocupado.

- ¿Y qué sugieres? - Sigue tensa esperando oírle en cualquier momento. - Ni siquiera me has dejado... no tendría que haberte contado nada.

- Mira llevo todo el día rayado con esto. Te dije que no lo hicieras porque lo único que necesito es estar tranquilo. - Quiere evitar que salga a toda costa. - Sólo quería tener una quedada tranquila, contigo, reírnos, hablar de tonterías, mirar las estrellas, me da igual, pero no esto. Bastante tengo ya encima con tener que ir a por Ras y...


- No vamos a ir a por Ras.

- Vale, mejor. - Vuelve a mirar sus manos y suelta la de ella, dejándola caer.


Uroko coge su propia mano y la aprieta contra el pecho.


- Vale, tú ganas, pero esto va a salir mal.

- Haced lo que queráis, me voy. - Se va para la ventana, mejor abrirse la cabeza que seguir ahí.


La coge del brazo antes de que se mate.


- ¿Cómo que "haced lo que queráis"? Y te vas, Uroko ya... ¿En serio?

- ¿Qué quieres? ¿Que me quede a ver como te destroza? ¿Jugar a que no pasa nada? Estoy enfadada.

- ¿Y qué pretendes, Uroko? Solos no podemos ni sabemos hacer nada, lo único que hemos conseguido es que se ría de nosotros. Y encima consigue que te enfades, y consigue joderme más. Yo quería que fuese al revés, porque tienes algo, no sé, especial, que me hace muy feliz y quería provocar el efecto contrario a esto.- Se ruboriza pero sigue serio sin apartar la mirada de ella. Lo único que va a hacer que nos destroce son estas cosas, en serio. - ¿No te das cuenta de que ha conseguido lo que quería hoy? Ha conseguido rayarte, confundirte, hacer que creas que no soy yo, y ahora consigue que quieras irte y dejarme aquí hecho un trozo de papel arrugado. Y encima te enfadas.


Uroko lo mira.


- Dices que es él es el que ha hecho todo eso, pero no ha hecho nada, has sido tú.

- ¿¡Yo!? Si lo único que he hecho era intentar pasar un puto rato agradable. - Le suelta el brazo y aprieta el puño. Empieza a no controlar absolutamente nada, estaba nervioso.

- ¿Y qué tiene de agradable? - Se cruza de brazos. - Te lo he dicho, no quiero estar solo contigo. Siempre le tienes que dar mil vueltas y complicarlo todo, estaba bien antes.


- Empiezo a pensar que a quien verdaderamente quieres ver es a él y no a mi. - A la mierda, pasa de controlar nada.


Uroko se empieza a reír.


- Pues a lo mejor. - Susurra con frialdad.


Empieza a aplaudir lentamente y de forma suave mientras seguía riéndose de una forma extraña.


A: - Braaaavoooo... Eso sí que no me lo esperaba.


- Hola…- Uroko clava la mirada en el suelo, muerde de nuevo y nota como el sabor a metal invade su boca.

- Buena actuación, menos mal que me sale gratis el asiento en primera fila. - Su mirada cambia al igual que su voz, como siempre.

- Me tenéis harta. - Levanta la mirada del suelo y le mira intentando no mostrar nada.


- Pues para estar tan harta bien que me buscas. - Se acerca más a ella hasta acorralarla en la pared. - Qué quieres, por qué me llamas, qué estás buscando.

- Sólo quería saber si estabas bien.

- ¿Por qué? ¿Te importa?


- Porque has dicho que te dolía... Y porque sí.

- Me sigue doliendo, y mucho. - Se acerca a su cara, a escasos centímetros. - Qué quieres de mí ¿Eh?

- ¿Y por qué no me dejas curarte? - Le aguanta la mirada recordando todo lo que le ha dicho Ian, la va a matar, no tiene ni idea de como se ha metido en ese lío, ni como salir.


- Ya te lo dije. Porque mientras sienta este puto dolor seguiré recordando tu traición.

- Yo no te he traicionado, deja de decir eso, te ayudé ¿no? Te saqué de ahí.

- Muy amable por tu parte sacarme del lío donde me metiste. Vas a tener que currarte una excusa mejor. - Levanta una ceja, aun cerca de su cara. - ¿Qué es eso de que no vais a matar al ciervo? No te tomas en serio mis proposiciones, así nunca voy a confiar en ti.


Uroko se ríe.


- ¿Qué te hace tanta gracia?

- ¿Te vas a creer todo lo qué le diga a él?

- Tú nunca mientes.

- Eso dicen.

- Vaaaaaaya. - La mira sorprendido. - ¿Y tengo que creerme eso?


Se ríe otra vez.


- No, claro que no. No tienes que creerte nada, eres un demonio, ¿no? Tampoco hay que creer nada de lo que digas tú.

- Pequeña niña lista... Aprendes rápido. ¿Quién te ha enseñado, el cabrón que me quemó la frente?

- Bueno… Él dice que no tengo que hablar contigo ni provocarte. También dice que no podemos hacer nada contra ti, por las consecuencias.


- ¿Y por qué vienes a hacer lo contrario? Desobediente.

- Porque me gusta hablar contigo. Eres listo, no me aburres. Creía que lo había dejado claro, ¿o creías que lo decía por él?


- A veces eres muy difícil de entender, pero qué tontería, cómo ibas a decir que el bobo es listo. - Se ríe de nuevo. - Le has dejado K.O. de esta no se recupera. - Se sigue riendo, y se separa de ella.

- ¿Siempre estás, verdad? Él piensa que yo te alejo, que cuando estoy con él no estás, pero no es verdad.

- Mmm… No estoy. Y empezaba a acojonarme el que lo supiera. - La mira serio.

- Me estás mintiendo.

- No, no lo hago.

- ¿Y cómo lo sé?


- Porque soy yo el que le lía para que la cague y pases de él.

- Eso ya lo sé. - Le sonríe. - Siempre eres tú. Pero… aquí estoy y no lo has evitado, ¿no puedes?

- Prefiero ver cómo le das el mazazo en directo, y no por el chat. Es más divertido. Me llena más.


Uroko no dice nada, no puede contar con Eru. Quiere preguntarle algo pero no sabe cómo.


- ¿Qué pasa, te ha comido la lengua el gato o qué?

- ¿Está muerto? - Suspira y le mira fijamente.

- No, aún no, pero falta poco. - Sonríe de medio lado, satisfecho.

- El idiota cree que le salvaste la vida. ¿Puedes resucitar a otros? - Se mira la mano y la luz blanca que le sale de los dedos y que nunca ve nadie. - ¿Como yo?


- Chs, ves como es tonto…- Vuelve a soltar una ligera risita. - Sí lo sé. Tú lo llamas resucitar... Y yo lo llamo pactar.

- Lo mataste. - Le susurra. - Lo empujaste al vacío. - Vuelve a morderse el labio mientras piensa. - Y ahora si te vas volverá a morirse.

- Por eso no debes molestarme más, aunque si no le quieres qué más te da que muera. - La observa de forma altiva.


- No es eso, el cura es idiota. - Le mantiene la mirada con toda la calma de la que es capaz. - Cree que puede sacarte, pero si lo hace morirá, y si muere no tendrás donde volver. - Mira al suelo. - Y te perderé.


- No me vas a perder porque no me va a sacar. - Entrecierra los ojos cruzando la mirada con la suya. - Y en el momento en el que lo mate yo seré dueño de este cuerpo, y podrás ser mía.


Uroko siente un escalofrío pero no deja que se apodere de ella, le sigue manteniendo la mirada notando como le arde la cara.


- Eru confía en él, hará lo que le diga y tiene el agua esa de mierda, se la he pedido pero no me la ha dado. ¿Por qué no puedes matarlo? ¿A qué tengo que esperar?

- A que matéis al ciervo, ya te lo he dicho. Matad al ciervo y habré ganado esta puta guerra. Y tú tienes que ser la encargada de vigilar al capullo de la botellita y de que el sacrificio se realice. - La mira agachando la barbilla, pero sin quitarle la mirada de encima. - No vas a fallarme.


- Lo haré, pero van a intentar sacarte antes, me lo han dicho Eru y el cura. - Mira a otro lado incómoda. - Lo van a matar y lo van a joder todo.

- Tiene que mantenerse con vida hasta que matéis al ciervo. Tienes que encargarte de eso. ¿Me oyes bien? - La mira con aspecto cabreado.


Asiente despacio sin dejar de mirarle.


- No te preocupes... ¿Y qué hago con Eru? Le he dicho que quiero... - No acaba la frase, está segura de que lo ha oído.

- Qué le has dicho. Dímelo. - Quiere que se lo repita.

- Que quiero estar con los dos. - Suspira, no es mentira, de momento. - Nos está oyendo, ¿verdad?


- Muy lejos, pero sí, se ha cansado de luchar por salir. Al final el que le destroza no soy yo, ¿te has dado cuenta?


Ella asiente, tendrá que perdonarle, al menos ya sabe lo que necesita.


- Pues si lo tienes claro hazlo bien. No falles.


- No voy a fallar.

- Así me gusta, y así lo espero. Y ahora vete.


Asiente, se muere de ganas de irse.


Uroko se va hasta la ventana y la mira.


- Joder… - Se queda mirando la ventana, bugeada, sin atreverse a girarse para mirar a Akuma.


Eru se acerca hasta ella y la sube casi sin fuerza hasta la ventana.


- Buenas noches Usagi. - Eru la mira cansado casi sin voz.

- Eru... - Le mira con cariño. - Arigato.


La mira agotado con los ojos entrecerrados y niega despacio con la cabeza.


- No puedo más. - Se lo dice sin voz, legible por el movimiento de sus labios.


Ella le coge el rostro con las manos y pega su frente a la suya.


- Si , si puedes. - Y le da un beso suave y largo. - Adiós Eru.









 
 
 

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